Columna o Sección:
22/12/2011
Tema: Deportes

SUBCAMPEONES

Autor:

 

 

Una vez más, guardamos las banderas, los sombreros, las cornetas. Hace rato no me queda la camiseta Medium que está lista para celebrar desde hace 18 años, este domingo tenía preparada una XLarge.

El domingo pasado, con mi hermano, fui a casa de mis tatas a ver la final del Torneo de Invierno, Club Sport Herediano vs. Liga Deportiva Alajuelense.  Hablamos la tarde del sábado y coincidimos en que esta final había que verla en la cuna de nuestra relación con el club rojiamarillo. Una final absoluta, cardinal, en la casa paterna en Santa Lucía de Barva. Como quien fuera a la Carit a rastrear el sentido de la vida. Lo que parecía la ruta del salmón que regresa al lugar de origen, terminó en el camino de los elefantes.

Llegué cuatro horas antes del pitazo inicial, acompañado bajo protesta por mi hija mayor. Donde empieza el fútbol, termina el Montessori. El tetris del cronograma familiar le jugó en contra y se vio de pronto, sin voz ni voto, en la terraza de la casa herediana rodeada por su padre, su tío y su abuelo que repasaban alineaciones, posibles hombres de cambio, las ventajas de un 4-4-2 y enumeraban hitos gloriosos de un equipo que, como la lluvia borgeana, empieza a existir solo en el pasado.

Lo que no veía mi hija pero sí mi madre que deambulaba por ahí –mirando con suspicacia a esos seres extraños en que se han convertido su esposo y sus hijos– era que si esos hombres cruzaban tantas palabras, algo los angustiaba. Esta no era una final cualquiera, era el partido que podía cortar una racha que baja la pendiente del tiempo como bola de nieve.

¿Cómo explicar la pasión por una camiseta, un club de fútbol, a quienes no la entienden? No sé. Ni me importa. Puedo decir esto: tiene algo de amor y se sabe que siempre hay un poco de locura en el amor, pero se sabe también que siempre hay un poco de razón en la locura. Se transmite por la sangre, ya sea como afiliación (el equipo de la familia) o por rechazo (el archirrival). Y es la primera elección que se hace en la vida. A los seis años, en medio de adultos delirantes que vociferan frente a un televisor o desde una gradería, se toma una decisión para toda la vida. Porque nadie que se respete cambia de equipo. No es de fiar quien lo hace. Es inevitable que algunos lleven el sentimiento por un club hasta el trampolín de la estupidez, sucede con cualquier expresión humana. Lo cierto es que a tan corta edad, esa criatura se hace un tatuaje emocional.

Por esto es que trasciende la superficie, lo evidente, los tópicos de sus detractores. Este domingo no estábamos ahí por ese gran error que es Sotela –lo peor que le ha pasado al fútbol local después de las canchas sintéticas–; ni por Jafet Soto, condenado a repetir la historia por tratar de ignorarla; ni por esos jugadores semipanderetas que hincados, brazos al cielo, le piden nimiedades a un dios que debería ocuparse de todo lo que no se ocupa; ni por el ejército de periodistas deportivos que no son otra cosa que protocuras. Nada de eso. Cada quien tendrá su historia, ésta es la de tres adultos esperando el pitazo inicial frente a un tele de 19 pulgadas, obsoleto, en una terraza techada donde la línea de la sombra empieza a avanzar conforme se va la tarde.

Un equipo no es la alineación del presente. Es la línea del tiempo.  Es un ente, si se puede, científico historicista en el que no importan los individuos como tales sino como eslabones en la cadena temporal. Este domingo yo no veía solamente a Salazar, Cubero, Vargas. En mi cabeza jugaban también un siete legendario que conducía erguido, sin mirarlo, el balón: Róger Álvarez; alineó Yuba Paniagua; Nilton Nóbrega; Claudio Miguel Jara; las graderías de una noche del 82; Miguel Jasper Simpson Lacey –recitar ese nombre como una alineación– anotando en la final del 86 en el Morera Soto; aquel entrenador que entraba de cambio a resolver los partidos, Odir Jaques. Y más que eso, pensaba en las finales en casa de los abuelos donde mis tías increpaban y se emocionaban al mismo volumen que sus hermanos; en los torneos ganados con campanas de la catedral de Heredia repicando por una causa mejor; en bajar a pie al parque enfundado en los colores del campeón de la mano de algún primo, rodeado de extraños con los que seguramente sólo ese vínculo podría tener.

Nada tiene que ver en esto la obscenidad de la FIFA, ni Nike, ni la Fedefutbol, ni ESPN (solo un enajenado se dice hincha de un equipo extranjero).

El encuentro se fue complicando. Se encendieron los focos de 1000 watts del Rosabal Cordero para que viéramos mejor la silueta de la impotencia. Frente al tele, fuimos quedando mi hermano y yo. Papá, vencido por la fatalidad inminente, se fue a la computadora y se sentó a jugar solitario,  asomándose cada cinco minutos a preguntar cómo se perfilaba aquella pesadilla que tenía medio cuerpo en la realidad.

Para los tiempos extra estábamos liquidados. Un campeonato notable se iba a escurrir por el drenaje de los once pasos. Papá no se despegó más de la computadora, derrotado frente a una baraja digital. Mi hermano se preparaba para llamar un taxi. Apareció entonces mi hija, que ahora sí veía lo que a nosotros nos impedía la nube de la decepción. Preguntaba con ojos enormes y brillantes cómo funcionaba la ruleta de los penales. Y, por eso que está debajo del fútbol, eso que lo sostiene como la raíz de un árbol histórico, se sumó, en medio de mi hermano y yo, pasándonos sus brazos por la espalda, como los jugadores que veíamos en la pantalla, a un momento que no era solo ese, uno que era la representación de algo más grande. O más pequeño, da lo mismo. En ese momento, nosotros en la terraza y mi tata en una habitación a oscuras, iluminado apenas por el monitor, dejamos de ser cuatro individuos y nos convertimos en un concepto. El equipo suplente. La familia subcampeona.

El subcampeonato es más aparatoso que descender a segunda división.  Es peor, no tiene garbo, ni heroísmo, es fallar a medias. Como los miedosos, los que llegan tarde en lugar de no llegar del todo. En poco tiempo, el CSH cumplirá más años consecutivos de no ser campeón que el total de títulos que ha ganado en su historia. Algo hay de atractivo en eso. Como sea, el equipo elegido es lo que hay. No sé cuál es, pero este domingo mi hija tomó su decisión.

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21 Comentarios

  • Se hizo saprissista… ¿?

  • Puta, me sacaste las lagrimas Chavez… pusiste en hermosas palabras ese sentimiento tan extraño que es “ser Herediano”. Viví lo mismo en compañía de mis tres hermanos, y como decís al final: algo hay de atractivo en eso. Un abrazo y muchas gracias.

  • Nunca pensé que me fuera a afectar esta vaina. Soy morado. Creí que apagando la tv se me olvidaba todo ipso facto, pero no. Sigo pensando en esos pusilánimes rezando antes del partido!!!!!

  • Hijueputa texto !!!! No hay ni un sólo manudo que escriba así !!!

  • Lindo comentario. En especial al enajenado y al que se cambia de equipo.

  • Ya llegará, Luis. Apuesto que a pesar de todo eso, tu hija escogió bien su tatuaje emocional, rojo y amarillo.

  • Entrañable tu texto, ese sentimiento futbolero de tu familia está ligado con algo mas allá a la divisa y eso SI es de ganadores, no te quepa duda.

  • “solo un enajenado se dice hincha de un equipo extranjero”–me exoplicaste la vida ahí. Y de pronto ya quiero ir a lavar la chema rojiamarilla y seguir luciéndola.

  • Interesante comentario de mi querido sobrino Luis Fernando, que refleja el sentimiento y pesar de algunos heredianos sobre lo acontecido el pasado domingo en el Rosabal Cordero, y digo algunos, porque tampoco son muchos los que realmente en sentimiento lo padecen, como de boca lo dicen. El deporte en general y el fútbol en lo particular es raro, su pasión no responde a una lógica razonable, para nosotros (para otros si) no es un negocio que nos genere réditos, tampoco es un motivo de simple arraigo territorial, no implica degustar un manjar de emociones y menos disfrutar tranquilamente de un espectaculo de habilidades extraordinarias ¡pero esta ahí! mueve pasiones como ninguna otra actividad ¡ni la política!, llena estadios, moviliza la economía, alegra o entristece a toda una ciudad y hasta un país entero ¿Que tiene entonces el fútbol? La respuesta obviamente no resulta fácil y nunca existirá una explicación satisfactoria y mucho menos aceptable para los “razonamientos lógicos y cartesianos”, que alguien ingenuamente quisiera exponer con algún éxito. Simplemente está ahí y ese es el hecho objetivo por aceptar, guste o no, se acepte o no. Cabe entonces ante hechos de esta naturaleza como los revelados con sentimiento por Luis Fernando preguntarse ¿que es lo que en realidad se afecta con una pérdida futbolística? ¿porqué sufrimos los heredianos? La verdad resulta, como expresé anteriormente, difícil de explicar pero al menos cada uno en su interior y bajo su propia condición puede intentar hacerlo. Será acaso nuestro orgullo y ego personal los impactados, acaso es nuestra identidad y territorialidad provincial, son nuestros sentimientos paternales y familiares de afiliación a la divisa rojiamarilla, es nuestra niñez, y los recuerdos implícitos o serán acaso nuestros sentimientos más ocultos de fracaso muchas veces inadmitidos ante una meta insatisfecha ya por largos 18 años, no lo sé, pero que el fútbol se siente se siente. Quién busque y quiera respuestas más razonables, justas, objetivas y estudiadas que revise los textos de Eduardo Galeano (puedo proveer un texto interesante al respecto). Pero objetivamente debemos admitir que tampoco todo es sufrimiento, sobre todo para los que fielmente seguimos al “Team” a todos los lugares del país donde juega, pues muchas lindas y recordadas satisfacciones se tienen y hemos tenido. Dicen los románticos que la felicidad es la suma de momentos felices, pues la felicidad y disfrute de un campeonato es la suma de pequeños pasos exitosos logrados durante el campeonato hacia esa meta. Los heredianos de cepa seguidores de la gloriosa divisa hemos tenido muchas satisfacciones que no se traducen apenas en el resultado de un juego final visto a vtravés de una fría y lejana pantalla de televisión, como tampoco el éxito de una vida o una obra se traducen en una simple acción puntual. En mi caso no me siento subcampeón, lo digo absolutamente convencido, soy campeón, fuimos campeones porque durante muchos meses y más atrás hemos sido protagonistas ganadores. Hay muchas formas de lograr un éxito y alcanzar una meta, que no es un simple trofeo. Por primera vez voy a comentar lo que me toco vivir el pasado domingo como delegado oficial de campo, como el aficionado más cercano al juego con la atribución y ventaja de ver y sentir lo que a otros les esta vedado y una pantalla de televisión nunca pero nunca puede transmitir con fidelidad. En mis 56 años de edad y como profesional en agronomía relacionado y vinculado a diario estrechamente al ser humano, no apenas al campesino agricultor o al empresario encopetado, debo admitir que nunca había participado y sido parte de un sentimiento tan humano de tantas personas (cerca de 22) unidas ante un mismo resultado. Nadie más lo vivio pues acontecio dentro de los camerinos y yo era el único extraño no jugador sumado a la causa por aceptación del grupo, supongo integrando lo que sentian muchos heredianos en ese momento. Nos lamentamos y lloramos todos unidos por mucho rato, con lagrimas de hombres, no se crea otra cosa, porque los hombres también lloran decía el gran poeta Indio Duarte. Un sentimiento hermoso que me permitió entender que la causa herediana se defendió con tesón y cariño, que había verdadera identidad herediana, que se trato y no se pudo, Dios lo quiso así, algo bueno nos tendrá de seguro para el futuro. Lo compartido en pena con los que fallaron (y no revelaré por respeto a ellos) me hizo comprender que no puede juzgarse friamente desde afuera. No soy subcampeón, lo digo a gritos, soy un campeón orgulloso porque el acto humano de integración alrededor de la tristeza que viví supera la alegría de levantar una efímera e insustancial copa de campeón circunstancial, tampoco ganada por el rival con creces y menos convenciendo. No soy poeta para expresarme como quisiera, pero si digo que la fortaleza del sentimiento vivida con los actores directos fue mi campeonato y será mi mejor recuerdo. Hoy veo el fútbol con otros ojos pues la fortaleza de un fracaso más me hace más herediano. ¡Viva Heredia, vamos por el 22, la historia no acaba!

  • Mae el domingo vi a mi papá llorar como nunca. Ocho días antes, cuando grité el empate en el Morera Soto, él me dijo que me controlara, que no quería verme otra vez tan mal como hacía un año, cuando Gabas nos quitó el campeonato en el último momento. Sin embargo, una semana después él fue el que se derrumbó. A gritos le preguntaba a ese mismo dios al que le rezan los jugadores ¿por qué, por qué otra vez si este era el de “él”? Evidentemente se refería a mí. Me tocó jugar de fuerte, recordarle que era un juego, que no había que sufrir tanto… pero ¿cómo dice uno esas cosas cuando está igual o peor? Tocó llorar, como ha tocado ya muchas veces, pero como lo decís, por alguna extraña razón, hay algo en medio de todo eso, algo en medio de la decepción que acrecienta el sentimiento, que lo hace a uno más herediano todavía, al punto de que ayer mismo fui a la tienda de Heredia a comprarme la camiseta. Quería la de Cubero, que sí, botó el penal, pero es al jugador que tanto mi tata como yo más admiramos. Llegué, me dice el mae “Sólo me queda una blanca y dos amarillas, una con número y una sin número, las tres talla L”, Esa es precisamente mi talla. “¿Cuál con número?” le pregunté, “La 14, la de Cubero”. Casi me pongo a brincar ahí mismo. ¿Por qué? ¿Por qué alegrarse tanto de encontrar la camiseta del jugador que botó el penal el domingo, lo que nos llevó a perder un campeonato más? Por el simple y sencillo hecho de que soy herediano. El que no lo entiende, simplemente no es herediano. Y lo de tu hija es para los que dicen que Heredia como afición se extingue. PFFFFF, no vieron las graderías a reventar, y no saben de los que se suman a las filas como ella. Viva Heredia, tanta vara :)

  • ¿Qué habría escrito Chvs si Heredia gana? Nunca lo sabremos.
    Hago de eco a don Marco Chaves: “Hoy veo el fútbol con otros ojos pues la fortaleza de un fracaso más me hace más herediano.”
    Se sabe que Ari siempre ha sido del monstro.

  • Comparto sentimientos, las alegrías y las tristezas, la emoción del triunfo en las competencias regulares dentro del campeonato, la frustración,la rabia, el dolor del último momento de un partido final de campeonato, en donde sentimos, como agua que se desliza entre las manos, la corona de laurel que soñamos ataviando nuestras cabezas. Pero, ¿ el deporte siempre irá a seguir siendo doloroso para nosotros los que amamos esta divisa rojiamarilla que es parte de nuestra propia esencia ? A mí se me acabaron las palabras para explicarle a mi nieto Luis Diego quien acaba de cumplr 19 años, (los años sin ser campeones ) al otro nieto Luis Fernando que tiene trece años, o a Julián quien cuenta con siete añitos, por qué razones no somos campeones. ¿Que nos falla? ¿ Qué se interpone en este camino? Fe no nos ha faltado, tuvimos mucha fe cuando la final contra Liberia, un poco menos cuando la final con Alajuela que se perdió a dos minutos de terminar el partido y mucha fe en esta última. Que belleza como se vio este estadio nuestro cubierto de amarillo y rojo y con una afición gritando en todo momento ” si se puede ” Por eso hubo lágrimas, por eso todos lloramos por dentro. Por eso es que tenemos más enclavado dentro de nuestro corazón el amor desmedido por este Team Florense.¿ Qué nos falta para ser correspondidos?

  • Herediano per sécula seculórum!!

  • Como buen morado que soy, en esa final iba con Heredia, nosé si por mi antiliguismo o por querer leer un escrito de Chaves con Heredia Campeón. Ese sentimiento por el fútbol me lo regalo mi madre, creo que en el fondo ella siempre quiso a un hijo que jugara fut profesional. Tarea de este 24: llevarle a mi madre esta columna impresa, sé que le va gustar tanto como a mi!!

    Felices whiskiembres

  • Jamas pense que alguien aparte de mis hermanos entendiera lo que senti el Domingo, solo me consolaba saber que mi abuelito , que en paz descansa, no tuvo que ver lo que parece ser una pesadilla interminable…. igual Herediana hasta la muerte.

  • En los 18 años de esta sequía, nunca hemos estado tan fuertes, y a diferencia de los titulos del 85-87-93, no fue por el capricho de un millonario como Sasso, que contrataba 10 jugadores para ser campeón, sino por que se denotaba un equipo que tiene un poco más de un año y medio de estar juntos, que se comprometierón a sacarnos de esa sequís, la racha de fortuna de la Quinta (para llamarla de alguna manera) fue que Sasso estaba a la Sombra de Beto León, y Heredia se conformó de un grupo muy fuerte (Yuba, Julio Gomez, Roger, Nobrega, Gadmo, Watson, los chicos de Ibo Arias (Castillo, Franco, Obando, Cholo) que reinó por 4 años donde solo un año quedamos segundo ante la Liga del Checo (el que salvó a la liga y lo enrumbó a donde está Hoy) por lo demás fueron 3 titulo geniales, y dejó un pequeña semilla que nos alcanzó para el 85 robarnos el Titulo (como lo hizo Alajuela el Domingo) a la Liga en el 85, pero luego fueron los caprichos de Sasso lo que nos dió los titulos, pero este equipo está fuerte y comprometido, por que la mayoría de Heredianos quedamos esperanzados para el 2012, pues nos gustó lo que vimos en el Rosabal, por que a pesar de mal arbitraje (no solo por el Gol) Intenatmos de todo para ganar el partido y vimos al Tri ( en ese momento el Bi) juagndo a no perder, Creo que hay que sacarse la idea de la presión de los 19, por que si se sigue así podemos estar esperanzados en obtener no solo el 22, sino más !!

  • El Tin tenía todo para ser campeón, buen equipo, salarios al día, un entrenador con empatía con jugadores y afición. A pesar de la bestia de Sotela eran favoritos. La culpa de que no fueran campeones no es de Cubero –los grandes han fallado penales decisivos–, sino de que no pudieron ganarle a un equipo muy seriamente mermado. Hay que darle crédito a la Liga por haber sacado dos empates en esa condición, y máxime cuando tuvo su punto más alto de competencia en la CONCACAF. También habrá que reconocerle al Macho Ramírez haber logrado el título, a pesar de que a los liguistas no nos gusta cómo juega el equipo la mayor parte del tiempo. Por algo es el primer entrenador liguista que logra un tri.
    Con todo, me parece que Heredia empezará el campeonato de Verano 2012 como favorito, seguido por una Liga a la que se le van varias figuras. Saprissa va mejorando, pero no parece todavía un aspirante, y habrá que ver si aparece alguna sorpresa interesante como fueron San Carlos o Pérez Zeledón en otro momento.

  • Chavez yo soy manudo pero que clase de comentario aun veo a mis amigos heredianos en mi casa con todos esos sentimientos que usted describe aqui. Animo heredianos que esta mas cerca de llegar que antes y que aficion tan nobles son Felicidades.

  • Uno de los mejores artículos sobre futbol que he leído. Felicitaciones

    • Excelente artículo, me impresiona mucho que salga de un fanático y que mantenga la decencia, la objetividad y el amor por su equipo con tanta elegancia y neutralidad para el momento. Soy fanática y siempre lo he dicho, desde antes de nacer, fui liguista y lo seguiré siendo más allá de mi existencia física y algunas veces me pregunto hasta donde se es normal si se es fanático si se sufre y se alegra el animo con tanta pasión. Mas allá de lo casuistico del momento, del concreto partido, me llega el artículo porque dibuja a una familia fanática y siendo así, nos parecemos mucho, no importa por cual equipo estemos, la emoción que corre por nosotros no es entendible más que por otro semejante.

  • Bueno… hace 5 meses puse al Tín como favorito. Ahora espero el artículo de Luis sobre un título que ya eracasi inverosímil.

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