Columna o Sección:
30/04/2012

Rónald Herrera Borges: el nazi bueno


::Mario Zúñiga Núñez::

Hay noticias que uno se espera y otras que no. La que apareció el martes 17 de abril, acerca de un policía de 26 años que exhibía orgulloso en su sitio de facebook banderas y tatuajes con esvásticas y mostraba armas de grueso calibre en entrenamientos, es una de esas que nos toman por sorpresa. Y la sorpresa aumenta cuando el policía afirma que no actúa en solitario; que hay quienes comparten sus creencias entre sus compañeros de trabajo. Policías fascistas que abiertamente lo declaran en facebook.

El golpe de la noticia se da no solo porque revela el hecho grave, sino porque también es una discusión a la que no estamos acostumbrados. En el escenario público costarricense no son comunes las manifestaciones del fascismo abierto y declarado, aunque sí sean fácilmente visibles las que ocurren de forma solapada en el discurso cotidiano (en los chistes xenófobos), en ciertas columnas (como algunas de Jaime Gutiérrez Góngora), o en organizaciones sociales como Costa Rica Libre.

El discurso fascista costarricense utiliza su máscara de conservadurismo o patrioterismo, pero no se presenta de manera abierta y contundente, como sí lo ha hecho Rónald Herrera. Habría que decir entonces que, en realidad, el hecho fundamental de esta noticia no es que haya policías fascistas, sino que uno de ellos, siendo denunciado por el acontecimiento, saliera a la escena pública y lejos de pedir disculpas o refugiarse en alguna excusa, haya defendido de manera vehemente su ideología e incluso, haya salido moralmente airoso de lo que pudo ser un linchamiento público. Más extraño aún si tomamos en cuenta que éste es un momento donde la prensa costarricense se dedica comúnmente a linchamientos morales de figuras públicas.

Cuando se leen las notas periodísticas que hizo la empresa La Nación salta a la vista en primer lugar la cantidad de tinta destinada a este acontecimiento, que dadas las circunstancias actuales del país, podría calificarse como menor. Este periódico le dedicó durante el 17 y 18 de abril la apertura de la sección Sucesos y Judiciales, mientras que La Teja, durante esos mismos días, le dedicó la sección Nuestro tema, que abre el periódico en la página 2. En total, a Rónald Herrera Borges se le hicieron cuatro entrevistas diferentes y aparece retratado en 11 imágenes en esos dos días, una de las entrevistas se hizo por medio del chat de La Nación, donde Herrera departió sus opiniones con interesados lectores del periódico. En las opiniones de los reportajes destacan tres tendencias temáticas, la primera –y tal vez más importante- la indignación de Herrera por el despido que le aplicaran en el Ministerio de Seguridad luego de que el escándalo se destapara (sobre el rumbo que tomará su vida luego del despido afirma: “No voy a agachar la cabeza”); en segundo lugar se observa la férrea defensa de su ideología ligada a una personalidad autoritaria (consultado sobre si se cree superior a los demás dice: “Solo creo que nadie es superior a mí”); y por último, las evasivas respecto de los inevitables temas polémicos del fascismo (consultado sobre el asesinato de judíos responde: “Las cosas que se dieron, ya se dieron, eso ya fue hace muchos años y el hecho de que yo esté de acuerdo o no, es mi criterio”).

En los reportajes, fuera de las palabras e imágenes de Herrera que ocupan el primerísimo plano, aparecen otros entrevistados en recuadros y posiciones secundarias: Mario Zamora, Ministro de Seguridad, o Max Suarez, director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, no reciben más que un par de líneas. A esto hay que agregar que al menos en dos de los reportajes, el de el 17 de abril en La Nación y el del el 18 en La Teja, la posición de los periodistas David Delgado y Jessica Rojas es de evidente simpatía por el personaje, Delgado se dedica a las descripciones físicas y a las justificaciones: su apodo, su explicaciones del acontecimiento, la cantidad de cigarros que fuma, las sonrisas del padre, sus opiniones contundentes. Así, evita profundizar en su ideología. Por su parte, Rojas entrevista a Herrera Borges en su casa en Desamparados, donde se presenta como padre de familia a quien le llegó “una fama repentina” -en palabras de la periodista- y cuya familia ha tenido que lidiar con el difícil acontecimiento del despido.

En suma, La Nación fabricó a un nazi bueno: padre de familia que vive en una casa humilde de un barrio popular, sabe defender sus creencias y ha sido despedido injustamente de su lugar de trabajo. No deja de ser macabro e hipócrita que los medios le traten como a un nazi bueno, siendo ellos quienes en primer lugar instigaron el escándalo que provocó el despido. Pero el problema va más allá, en lo referente al debate sobre el fascismo, no existe una impugnación clara, ni siquiera un debate mínimo que deje entrever alguna crítica a una ideología totalitaria que ha instigado el dolor y el sufrimiento de millones de personas el mundo. La sensación que queda en el ambiente es extraña; mientras se multiplican las impugnaciones de diversas figuras públicas, uno de los que parecería impugnable es visto como un buen tipo. Entre tanto, los grupos de extrema derecha se han apuntado tal vez la más grande victoria mediática de las últimas décadas. Si quisieran hacer un partido político, La Nación ya les fabricó, de gratis, su primer candidato a diputado.

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3 Comentarios

  • “Si quisieran hacer un partido político, La Nación ya les fabricó, de gratis, su primer candidato a diputado”. Alarmante.

  • En el chat de La Nación toda la entrevista se hace en un tono de deferencia inexplicable. Lo que plantea este artículo es cierto; yo me habría esperado, por lo menos, una retahíla moralizante de parte de la prensa, pero ni siquiera eso: un silencio que no es silencio… un silencio que convalida.

  • Comparto algunas de las ideas de Mario, sobre todo la intencionalidad ideológica de La Nación, sin embargo, me parece necesario discutir ciertas ideas planteadas sobre todo al final del texto.

    Primero, aunque entiendo el tono sarcástico de la fabricación del “primer candidato a diputado” del hipotético partido nazi, es importante recordar que las audiencias no son pasivas, ni siquiera La Nación puede decir lo que le de la gana sin “enfrentar” a la opinión pública. Mario pareciera sugerir que no hay posibilidades de constestación de la forma en que La Nación abordó la temática de Rónald Herrera, y que su fórmula ideológica es dificil de cuestionar, contrario a esto pienso que, en distintos sectores sociales, se cuestionan a los medios, en ocasiones, de manera severa.

    Segundo (y esto está fuera de las consideraciones de Mario), gran parte de lo que pude leer en redes sociales apuntaba a una ridiculización del “policía nazi”, incluso de loco lo tildaron, precisamente, porque, para alguna gente, es absurdo que una persona morena reivindique un posicionamiento racista y totalitario, con lo cual, implícitamente y en retórica sencilla están legitimando el nazismo en otros fenotipos (blanco, ojos azules, etc.)… esto es, la riculización y el carácter públicamente expresado de Rónald Herrera como un “loco” invisibiliza algo que me parece central: los “brotes” de nazismo y totalitarismo están lejos de ser irracionales o inocentes, más bien creo que están sustentados en un estado y sociedad costarricenses con un claro germen fascista (policía, alianzas partidarias en el Congreso de la República, aversión hacia la población homosexual-lésbica, xenofobia, racismo, etc.).

    Tercero, con Ronald Herrera se hizo lo que se ha venido haciendo con los excesos “indeseados” (aunque parte de esos excesos son originados por el mismo sistema): fue expulsado de la policía (sistema), haciendo gala de un mecanismo de defensa: una especie de represión social. Es decir, los excesos traumáticos que funcionan como válvulas ideológicas son apartados del campo de lo sistémico, como si con esto se “curaran” de la “enfermedad” (fascista) que aqueja al propio sistema desde sus raíces. La “solución” en consecuencia no era echar a Ronald Herrera, sino, como dice Lacan, “atravesar la fantasía”, esto es, enfrentar, precisamente, el exceso, el artifico fantasmático vinculado al “ideario” fascista.
    En todo este panorama, las audiencias son responsables de su actuación y de lo que piensan; primero, de enfrentar estos casos (policía nazi, alianza PASE-PLN, políticas discriminatorias, etc.), más allá de una ridiculización e irracionalidad subyacente y, segundo, vincularlas entre sí: darse cuenta que el policía nazi deviene de un sistema que así lo permite (sin desmeritar la cuota de responsabilidad del señor Herrera), que no es una situación aislada y que está vinculada con el panorama político que conocemos (Rodrigo Arias para presidente por ejemplo!!!).

    Entonces, volviendo al principio, no creo que la gente asuma sin discusión lo que La Nación dice o deja de decir, el problema acá, según pienso yo, está dado por la memoria histórica (desvinculante y olvidadiza… como diría Freud, somos seres de memoria corta)… en el sentido de que se tiende a desvincular esos excesos traumáticos y a dotarlos de inocencia, excepcionalidad y contingencia. Es decir, se cuestionan los hechos, pero lo preocupante pareciera estar dado en que no se historizan, no se imbrican a una trama sociocultural mayor, por eso, pareciera que las discusiones, en redes sociales al menos, no trascienden el campo de lo estético y se termina haciendo tautología de lo absurdo, sin evidenciar lo medular de la podredumbre.

    Saludos Marito