06/05/2012

Medio Queso: ¿No hay peor ciego que el que no quiere ver?

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El pasado 2 de abril La Nación informaba, bajo el titular “Campesinos invaden finca dos veces en solo 7 horas”, que 200 campesinos invadieron la finca Naranjales Holandeses en Medio Queso, Los Chiles. La primera a las 4 a.m., siendo desalojados pacíficamente por la fuerza pública una hora más tarde, y la segunda, a las 11 a.m., luego de que la policía se había retirado. Más adelante la nota agrega: “ésta es la sétima vez que los campesinos toman la propiedad, de 425 hectáreas, alquilada por inversionistas holandeses. La disputa comenzó en mayo del 2011”.

Esta no es la primera vez que el tema de la toma de tierras en Medio Queso es tratado y presentado de esta manera por La Nación. Solo tres días antes, el sábado 31 de marzo, otra nota apareció con el encabezado “300 precaristas expulsados de finca” por cuarta vez en un año, la cual menciona que “hay costarricenses y extranjeros. Todos llegaron ahí como invasores, en busca de un terreno para vivir y sembrar. Sus ranchos fueron quemados el viernes… La propiedad pertenece a unos holandeses; sin embargo, desde hace varios años es administrada por el agricultor y empresario Elmer Varela, quien gestionó el desahucio, pues asegura que tiene un derecho de posesión sobre ese terreno”.

Llama la atención que ambas notas están redactas en una forma en la cual esta persistente y continua toma de tierras se asemeja más a un simple hurto – compárenla a cualquier nota de sucesos sobre un robo en el centro de San José para que vean a lo que me refiero– que a lo que pareciera ser un conflicto de muy larga data (como posiblemente también lo son las condiciones que lleva a un “ratero” a asaltar a alguien en las calles de San José centro). Así, el tema de la toma de tierras aparece como una simple oposición entre grupos y personas, como un conflicto fundamental entre los “pobrecitos” dueños propietarios y unos necios campesinos precaristas invasores.

Sobre superficies sociales

La función y el efecto fundamentales de una noticia redactada bajo formato de suceso, es que permite que se expresen las ideas dominantes de una sociedad, así como nuestros estereotipos y pre concepciones, y se llenen todos los vacíos que la nota da por sentado. Dicho de otra forma, la nota no nos dice lo que no nos tiene que decir porque se asume que es tan evidente que todo el mundo lo sabe.

¿Quiénes son estxs campesinxs? ¿De dónde vienen? ¿Qué los llevó a tomar la decisión, bastante drástica y riesgosa, de invadir las tierras? ¿Para qué se utilizaba la tierra antes de que fuera “invadida”? ¿Quiénes son los holandeses? ¿Cuál es la relación entre ellos y Elmer Varela? ¿Qué sabemos de la forma en que tanto Varela como ellos adquirieron la propiedad? Estas son algunas de las preguntas que podríamos hacernos con respecto a la toma de tierra, y para las cuales no existe ni asomo de respuesta en las notas de La Nación.

Por otro lado, las dos notas de La Nación también comparten el hecho de que las únicas voces que aparecen hablando de las razones del conflicto son la del “agricultor y empresario” que pidió el desahucio, la de su abogado, el alcalde de Los Chiles, y la del director de la Policía de Fronteras (por qué la Policía de Fronteras se involucra en un conflicto agrario sería otra buena pregunta). De hecho, la única mención que se hace de “lxs precaristxs” es una oración de una de sus representantes que menciona: “No vamos a ceder en nuestra determinación de gestionar y lograr un acuerdo con el Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) y los holandeses, que nos permita adquirir la propiedad”.

El resultado agregado de estas dos dinámicas – las preguntas no preguntadas y la tendenciosidad de las voces presentadas – es la simplificación de una compleja trama de relaciones sociales e históricas al punto de convertirse en una caricatura. Esto es como hablar del Chirripó y mostrar la colina del Parque de la Paz de donde se mandan en cartones lxs güilas; algunas similitudes habrá, pero la realidad es definitivamente algo bien distinto.

 

¿El vaso está medio lleno o medio vacío?

Una posibilidad, si uno tiene los recursos y el tiempo, claro está, es buscar noticias de medios alternativos e intentar informarse mejor. Así por ejemplo, uno se da cuenta de que se trata de un conjunto de familias que cuentan con espacios de coordinación y organización; que al parecer los desalojos por parte de la policía y una empresa de seguridad privada (lo que es ilegal por cierto) no cumplieron con el debido proceso y violentaron los derechos fundamentales de las familias campesinas (ver también esto); que las familias ya habían sembrado en las tierras y que la cosecha fue destruida en los desalojos; que la Lic. Del Ministerio de Seguridad en la zona, la cual parece estar encargada del caso, está emparentada al mentado Elmer Vargas y ha dado claras muestras de su parcialidad; y finalmente, que de acuerdo a la jerarquía del IDA, éste no puede intervenir en el conflicto ya que se trata de “un asunto privado”. También, a través de estos medios alternativos, uno podría escuchar de forma más clara la voz de “lxs precaristxs”, en entrevistas en audio, al menos un documental y las imágenes de una conferencia de prensa, donde distintos diputadxs mostraron su preocupación por el caso y dieron su apoyo a las familias campesinas.

Este ejercicio permite darle más textura al conflicto, así como ir más allá del evidente sesgo que presentan las notas de La Nación. Así, queda claro que se trata de algo mucho más complejo que una simple disputa entre precaristas invasores y pobres propietarios violentados. Inclusive podemos intuir que detrás de la idea que la propiedad privada es sagrada, hay un conjunto de relaciones sociales y relaciones de poder nada despreciables: como que ya al menos estamos en el Cerro de la Muerte viendo hacia arriba la silueta del Chirripó… Sin embargo, a pesar del excelente y muy necesario trabajo realizado por los distintos medios de comunicación alternativa y organizaciones sociales, lo cierto es que seguimos sin entender exactamente las raíces del conflicto. Para decirlo de otra forma, ¿cómo fue que estas familias, Elmer Varela, los holandeses y el Estado costarricense llegaron a este conflicto ? ¿Y cómo dicho conflicto tomó la forma que tomó?

Hacer esta pregunta, bastante compleja por cierto, quizás sea mucho pedir a cualquier medio de comunicación que pretenda circular y ser leído… Sin embargo, me gustaría plantear al menos un efecto que tiene este vacío: la moralización de lo que fundamentalmente es un problema político (que no es lo mismo que decir que la política no tiene un fundamento moral).

Lo que para lxs periodistas de La Nación es una “invasión”, para los medios alternativos es una “toma de tierras” o una “ocupación”; mientras unos presentan a la propiedad privada como algo sagrado y que debe ser protegido por el Estado sobre todas las cosas, para los otros el Estado debería de velar por los derechos de los pobres contra los poderosos. Para unos el accionar de la policía siguió el debido proceso, para otros es una clara violación de sus derechos humanos. En fin, lo que para unos es blanco, para los otros negro, acercamiento que además se ve reflejado en los comentaristas que leen las noticias.

Aquellos que comentan en La Nación llaman a las familias campesinas “ignorantes, vagabundos” y exigen al Estado que defienda la propiedad privada. Aquellos que leen los medios alternativos muestran su indignación de que el Estado solo proteja los derechos de lxs poderosxs y actúen en contra “del pueblo” (quién es este pueblo a lo mejor sería otra buena pregunta). El problema fundamental de esta moralización del conflicto es que al final imposibilita el cambio político. Peor aún, en este empate maniqueo siempre sale ganando el que de por sí ya venía ganando. En este caso específico: la moralización de los precaristas vándalos y vagos que violentan la propiedad privada y por tanto se merecen que les violenten los dientes. En este sentido, quizás la mejor respuesta a la pregunta sobre vasos medio llenos o medio vacíos sea: “¿a quién putas le importa? De lo que se trata es de determinar quién y cómo lo terminamos de vaciar o de llenar”.

Como nos recuerda Zizek “repitiendo a Lenin”, “la verdad UNIVERSAL de una situación concreta sólo se puede articular desde una postura por completo PARTIDISTA: la verdad es, por definición, unilateral”. Donde partidista se refiere a ir más allá de la opinión y tomar partido; no solo el blanco por un lado y el negro por el otro, sino algún tipo de mezclita chocolatosa.

 

Sobre loras, árboles, medios quesos y campesinos

A manera de exageración caricaturesca resulta interesante contrastar las respuestas u opiniones que se generaron desde el Valle Central (y su clase media) con respecto a la lucha en contra de la mina en Crucitas por un lado y el conflicto por tierras en Medio Queso por el otro. Mientras que con respecto al primero fue posible la construcción de una alianza política y popular en contra de la minería, en muchos casos más allá de colores políticos, y que eventualmente llevó a la clausura de la mina (y el hecho de que casi nadie se acordó de que las personas que habitan la zona se han encontrado en los márgenes del proyecto nacional antes, durante y después del proyecto minero). El segundo caso difícilmente ha tocado la superficie de la opinión pública vallecentralina. ¿Será que para lxs ticxs vallecentralinxs el derecho a/de “la naturaleza” está por encima de los derechos a una vida digna de las familias campesinas? o ¿será que tanto “la naturaleza” como “lxs campesinxs” ocupan lugares distintos en nuestros imaginarios nacionales y por tanto, nuestro “sentido común” con respecto a cada uno es distinto?

Cada país construye cuentos y narrativas míticas sobre sí mismo. Dentro de esta narrativa, distintos grupos ocupan distintas posiciones y roles, y de una u otra forma esconden las formas en que algunos grupos se enriquecen y detentan el poder a costa de otros. Cómo nos entendemos a nostrxs mismxs y cómo entendemos a otrxs, está fundamentalmente marcado por la posición que tenemos con respecto a esta narrativa, con respecto a este proyecto país, posición que no solo es discursiva sino también material. Gramsci nos diría que la cultura es la forma en que se vive la clase; a eso es a lo que me refiero.

Aproximadamente desde la década de los sesenta se ha venido construyendo una imagen de Costa Rica como un país orgulloso de su biodiversidad y con una clara apuesta por su defensa; no en balde, según el ICT, somos un país sin ingredientes artificiales. De manera interesante, cuando se piensa acerca del sistema de parques nacionales, poca gente recuerda que una de sus joyas, y uno de los primeros parques nacionales, Corcovado, fue el resultado directo de un conflicto entre campesinxs y la empresa extranjera Stone Forestal, o que la creación de este sistema de parques nacionales cerró de facto la frontera agraria nacional, lo que, en parte, ha obligado desde entonces a familias a buscar acceso a la tierra a través de otros medios (ocupaciones por ejemplo). Lo que esconde esta narrativa mítica del país “natural”, donde natural refiere a ajeno a lo humano, son las historias y vidas de aquellas personas que o producen la riqueza en la que está basada la sociedad, o sufren la exclusión de los recursos y derechos que se suponen universales. Visto así, no parece tan extraño que nadie recuerde el proceso que llevó a la creación de Corcovado.

Por otro lado, más allá de cualquier idea de la “tierra de labriegos”, es claro que más o menos desde ese mismo período, los sesenta, el espacio rural costarricense es entendido desde el Valle Central, específicamente desde sus clases medias, de una forma fragmentaria y algo bizarra. Es donde se va a la playa o a los parques nacionales (“la naturaleza”), de dónde viene una buena parte del PIB y donde vive un montón de gente “pola”, sin educación y sin cultura (lo que hace aún más paradójico el fenómeno “Oldemarsh”). Estos elementos se condensan cada vez que aparece una noticia sobre estas zonas y desde ahí se interpretan los eventos. Casos como el de Isla Calero o Crucitas ameritan defender la patria, que resulta ser fundamentalmente “la naturaleza” contenida ahí, nunca las personas que viven ahí. Casos como Medio Queso son más bien de personas vagas e ignorantes, nacionales y extranjeros, que no respetan la propiedad privada.

Siempre que se toma una decisión, se abren nuevas oportunidades, pero también se cierran muchas otras. Todo proceso de creación conlleva necesariamente destrucción. Desde el Valle Central como clasemedieros nunca se han querido asumir las consecuencias de un modelo de desarrollo basado en la “Costa Rica verde” (Turismo e INBIO) y postres para los Nortes (piña, café y naranjas). Juntos, estos dos elementos han significado la exclusión y desposesión de una gran cantidad de personas de su base de sustento básica (la tierra), y ha sido sobre el sudor y sangre de estas mismas personas, “nacionales y extranjeros”, que los millones de dólares por concepto de “exportaciones no tradicionales” se han cosechado. Tampoco hemos querido asumir el rol que esa tan adorada “neutralidad política” tuvo durante los ochentas en la destrucción del tejido social nicaragüense, a la postre una de las razones para el aumento de la inmigración nicaragüense al país como mano de obra barata y explotable. En fin, como dice el refrán “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

3 Comentarios

  • Este artículo esta hecho con muy buena intuición sobre el problema de los campesinos sin tierra que persiste en el país, particularmente en la zona norte, por ahí esta el caso de Bambuzal en Sarapiqui con una historia parecida. El manejo de parte de la prensa, el desbalance de poder a favor de los propietarios-empresarios. Este es un resabio jodido de un patrón de los 70s. Una de las cosas interesantes es el carácter regional del resabio mismo. Es la zona norte la que todavía guarda ese “capital social” de organización campesina y acción colectiva. Porque en estas zonas y no en otras? es una pregunta de investigación.
    El tema de las áreas protegidas es otro. Esta relacionado, pero tiene tantos matices particulares que requiere verlo por aparte. Algunas cositas de precisión: Corcovado fue creado indirectamente por el conflicto con Osa Productos Forestales (1963-1975), el conflicto sobre la construcción del astillero para la Ston Forestal fue en la Reserva Forestal Golfo Dulce (1989-1994). La creación de las áreas protegidas no respondió a una visión “costa rica verde/turismo inbio”. Todo eso vino casi 20 años después de las áreas protegidas. En la creación de las áreas protegidas hubo desplazamiento de campesinos e injusticias, pero quizás el problema mas grade que hay para poder estudiar esa injusticia social es que es fue muy fragmentada. La fragmentación no debe servir para ocultarla aquella realidad, pero tampoco para una generalización falsa.
    Los campesinos afectados por las áreas protegidas tampoco han sido “víctimas” a lo largo de la historia. Fueron campesinos, pequeños propietarios los que utilizaron la Sala Cuarta para exigir su justa compensación del Estado. Gracias a ellos desde los 90s nadie puede ser sacado de una Area Protegida sin antes ser indemnizado de sus derechos. Fueron comunidades campesinas las que tomaron el PN Cahuita y desde 1990 lo co-administran (a pesar de que la Procuraduría lo oculte o lo niegue) PN Ballena y Tortuguero son también ejemplos de comunidades que enfrentaron el aparato de la conservación con éxito. En fin una historia muy rica que no da para simplificaciones en uno u otro sentido.

    • gracias por el excelente comentario. Estamos de acuerdo q Corcovado no lleva a la visión de la CR verde. Lo q quería apuntar es como todo ese discurso lo que viene a esconder es el profundo proceso de desposesión y de luchas por la tierra, y por un tipo de entendimiento de la naturaleza menos ascéptico, no olvidemos el caso de los oreros por ejemplo. Ahora cuando se piensa en sistema de parques nacionales se piensa en la providencia divina de las élites y no de estas luchas. Gracias por los apuntes de precisión, también.
      Y estamos de nuevo de acuerdo de como las luchas van en ambas direcciones. Lo interesante es q todos los casos exitosos q mencionás son poco conocidos por la mayoría de la población, lo q me parece, viene a confirmar la idea de lo q este discurso invisibiliza. Los excesos en el artículo tienen más la intención de apuntar a estos vacios y silencios q a intentar contestar todas estas preguntas.
      Pero bueno,lo importante es entrarle en una discusión en serio a estos temas, una q no invisibilice ni luchas ni despojos. en fin, muchas gracias por el comentario.

  • Gracias Andrés, a mi el artículo me gusto mucho, creo que Paquidermo llena precisamente el vacío que existe en temas que no son (ni llegan a ser noticia). Yo te reacción más con entusiasmo que con crítica. Una de las cosas más interesantes que vos tratas es el tema de la construcción de la visión del “campo” o del espacio rural para los ticos urbanos (vallecentralinos) y el dominio que tiene esa visión sobre el discurso general/dominante sobre el espacio rural. La pregunta que a mi me nace es como se construyó esa visión del campo como espacio de “Bosque o Piña”? vos apuntas a las razones económicas y creo que tenés razón. Yo quisiera tener más claro el proceso ideológico (superestructural) como tal. Hace unos meses Ricardo Soto (en la Nazi) hablaba del uso del “mito de la democracia rural” por el PLN de los 70s. Ese mito era nuestra fundación era la explicación al porque éramos “pacíficos, democráticos, igualitos¨ era nuestra identidad. Aquel mito se desvaneció y surge el de la “Green Republic” (Turismo Inbio). ¿Comó fue al transición? y bueno si estamos lejos de ser una sociedad que puede vivir sin mitos, como estiramos, mordemos, pellizcamos y nos apropiamos del “grinrepublic” al menos para que sea la socio-green republic… mucho que hacer

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