
Foto: Guangzhou Opera House
:: Luis Salazar ::
Después del reciente CLEFA 2012 decidimos hacer una reflexión sobre lo expuesto en dos de las conferencias más esperadas de todo el evento: la presentada por María José Araya y Hooman Talebi en representación de Zaha Hadid Architects, firma ganadora del premio Pritzker 2004, y la de Robert Mcneel, CEO de la compañía Robert McNeel & Associates, desarrollador del software Rhinoceros 3D y Grasshopper 3D, entre otros. Tuvimos la oportunidad de hablar con ellos y analizar algunos de los temas que surgieron de sus presentaciones.
En ambos casos nos encontramos con campos de la arquitectura que han resultado muy atractivos para gente dentro y fuera del ámbito. Los proyectos de arquitectura de la diseñadora angloiraquí Zaha Hadid consisten en su mayoría en volúmenes que resultan complejos de describir geométricamente por métodos convencionales, en los que el software con el que se diseña o se representa la arquitectura cumple un papel muy importante. El segundo es, precisamente, una de las compañías comerciales desarrolladoras de este tipo de software, así como de otros que incursionan en el diseño paramétrico.
Existe en el campo de la arquitectura, así como en muchos otros campos del conocimiento, cierta apetencia hacia los procesos donde las capacidades tecnológicas demuestran sus últimos alcances. En la arquitectura esto se manifiesta de muchas maneras, desde la capacidad de generar información gráfica hasta la simulación de fenómenos económicos, físicos, geográficos e incluso de interconexiones con otros datos, de manera tan elaborada que el resultado generalmente no culmina en una respuesta al problema original, si no en nuevas inquietudes que ahora resultan explícitas de manera visual.
Para los arquitectos de Zaha Hadid el proceso de investigación por la vía tecnológica es algo de lo que el diseño no puede desligarse. Según ellos, el impacto visual generado por esta firma se debe a un intenso cuestionamiento de los procesos por parte de un grupo numeroso de personas, donde el liderazgo sobre un proyecto es concedido a los miembros del equipo (sin importar la edad, el rango o la procedencia de éstos) que estén más enterados del funcionamiento y actualizaciones del software utilizado, y de las variables de diseño que estén en juego.
Ahora bien, hay que entender que esta oficina ha logrado muchos de sus mayores aciertos comerciales partiendo del principio de que lo novedoso es un valor per se. “Me parece que crear algo nuevo es una necesidad muy humana”, afirma Talebi. “Uno de los mayores peligros (de la creación arquitectónica) es que la gente sigue prefiriendo lo ya conocido. Yo se lo atribuyo a cierto tipo conformismo, a la falta de un impulso de buscar algo realmente novedoso”. Es por ello que la exigencia de actualización en el conocimiento de los miembros del equipo es medular.
Muchos sectores favorecen este conocimiento porque no representa dificultad desarrollar formas muy complejas que antes demandaban un esfuerzo de años de trabajo, o porque la respuesta arquitectónica ahora puede abarcar mayor cantidad de datos en su desarrollo. Para Valeria Guzmán, Doctora en Historias y Teorías de la Arquitectura por la Architectural Association (AA), este tema de lo novedoso resulta problemático porque la tecnología y lo digital se manifiestan con un carácter progresista y optimista. Ella sostiene que uno de los problemas principales es que, para justificar por qué lo nuevo es “bueno”, las vanguardias tecnológicas abogan por contraponerse a la noción de orden modernista anterior a ellas y la juzgan de limitada y básica, pero esta estrategia de oponerse a lo viejo obedece a la misma lógica moderna de progreso, que pretendía solucionar los problemas globales a través de un orden mecánico y rígido; la única diferencia es que ahora se utilizan tecnologías distintas.
Tampoco se trata de criticar la tecnología como una fuerza alienante para dominar al ser humano. La capacidad de plantear problemáticas complejas con un número importante de variables es infinitamente superior a la que se puede desarrollar por los métodos tradicionales de diseño. Pero el culto hacia lo nuevo se desliga de estas capacidades y, en su lugar, se legitima a sí mismo por ser un cambio respecto a cualquier cosa que haya sido anterior (porque lo anterior pareciera dar fe de la perención y el deterioro) y que se pretende evitar por la rápida inserción de la última novedad.
Esta novedad no está exenta de tener un carácter económico. Lisa Gitelman, catedrática de New York University, afirma que lo nuevo, en el campo de los media por ejemplo, no es solo aquello que la sociedad está lista para internalizar, sino también aquello que puede ser comercializado, es decir, aquello que es viable en la estructura económica. Ante este postulado, Robert McNeel nos comenta que “una estructura económica puede trazar directrices de qué y cómo se construye, pero no puede evitar que la gente piense. El programa [Grasshopper 3D] es, sobre todo, una herramienta para pensar… estas herramientas le permiten a los diseñadores hacer lo que normalmente hacen; no intentamos cambiar el proceso del diseño, que sigue dependiendo enteramente del diseñador”.
También existe la problemática de que la promoción sin crítica de un sistema tecnológico que “entregue hechas” las formas arquitectónicas produzca un grado tal de indiferenciación y de falta de acentos que origine una homogenización global de la arquitectura. Esta tiene como consecuencia el anonimato cultural y social de sus habitantes y la hipercontinuidad de los espacios, tal y como lo plantea el arquitecto holandés Rem Koolhaas en su ensayo The Generic City. La vivencia de las ciudades se vuelve algo así como vivir dentro de un mega supermercado, donde todos los pasillos son distintos y todos se parecen.
A esta inquietud responde McNeel: “si los resultados se terminan pareciendo alrededor del mundo es porque se han explorado problemáticas (de medio ambiente, refugio, congestión urbana) de manera muy similar, no porque el programa limite las soluciones”. La producción general de arquitectura que está vinculada a la tecnología alrededor del mundo reclama el mérito del desarrollo de productos novedosos, que están al tanto de las necesidades del consumidor, y son creados de una manera nunca antes vista. El asunto es que el supermercado también lo está, y no por eso es menos monótono y genérico.
Este conocimiento y otros protocolos tecnológicos como el scripting, que consiste en la creación de formas directamente desde la programación y la escritura de códigos, están aún siendo incorporados a las escuelas de arquitectura del país (y por esta vía a su cultura arquitectónica). Está por verse cómo una población que se inicia en estos puntos puede abordar la discusión sin dejarse deslumbrar por lo novedoso, ni hacerla a un lado por desconocimiento y apego a la tradición. En este punto fueron claros Araya y Talebi de Zaha Hadid: “lo que en realidad nos interesa es que nos cuestionen, y eso aquí no pasó mucho”, lamentaban sobre falta de discusión e interacción que hubo entre los conferencistas y los asistentes al CLEFA sobre este tema y otros.
La forma en que se logre articular la relación entre lo digital y el diseño va a depender del conocimiento que se tenga de estas herramientas, sus virtudes y deficiencias, y del entendimiento del propósito con que se utilizan. De otra manera podríamos quedar estancados en la imposición de soluciones complejas a problemas que no necesariamente están siendo bien comprendidos. “Realmente no sé qué son capaces de hacer los usuarios con las herramientas que les dimos, es como enseñarle a alguien un lenguaje, no sabes si va a terminar escribiendo poesía o solo ordenando comida en un restaurante” explica McNeel, abrumado, mientras cuenta que la cantidad de inquietudes y actualizaciones que solicitan los usuarios de su programa supera en diez veces la capacidad de investigación y desarrollo de su oficina.
Finalmente, por petición nuestra, Robert Mcneel explica que, con un par de horas de programación, el software es capaz de dar cifras imprecisas pero instantáneas del costo monetario de un proyecto. De hecho, probablemente alguien en este momento le esté dando utilidad al programa de esa manera en alguna parte del mundo, que él no lo sabe, que hace rato perdió el hilo de lo que se hace o no con el software, que si escuchamos que alguien logró predecir la lotería con éste, probablemente lo haya hecho. Se despide (éramos la última entrevista de la noche), se levanta y se dirige despacio a la salida de la Casa del Cuño en dirección a la oscuridad de la plaza entre ésta y la nave de la Antigua Aduana donde lo espera la noche y el murmullo de la última conferencia. Se detiene en el umbral de la salida y no sabe a dónde ir.






