Columna o Sección:
26/05/2012
Tema: Deportes

INVADIR LA CANCHA

Autor:

 

 

:: Luis Chaves ::

 

Sábado 19 de mayo, 2012. Hace una hora rompimos la espera de 19 años, hace 10 segundos saltaba abrazado a desconocidos, coreándole al campeón en un mosh jubiloso. Ahora estoy de cuatro patas, en medio de piernas y calzado deportivo, tanteando por mi celular en los adoquines del Parque Central de Heredia.

 

Pero esto empezó más temprano, a las 4 de la tarde en la microbús de Heredia, con medio cuerpo afuera de la ventana, agitando la bandera y manoteando rítmicamente la carrocería, como el resto de los pasajeros. Mi vecino de asiento, entrenador de un equipo de tercera división, besa intermitentemente su cuarta de vodka lija, la comparte y dice “mi doña se vino más temprano con el güila, me están esperando en el Rosabal”.  Me cuenta que lloró en las dos finales recientes pero que ésta es la vencida. Cuando me bajo en la UNA, con seguridad simulada le anuncio “nos vemos más tarde en el estadio”.

 

Santa Lucía de Barva, terraza de la casa de mis tatas. Mi hermano, mis padres y tres tíos con sus familias vemos el partido, un semicírculo frente a la tele, enfundados en los colores del Team. Repetimos, como síndrome de Tourette, que perder por tres goles es difícil. Pero sabemos que en estos 19 años el Club Sport Herediano ha destrozado todas las probabilidades matemáticas.

 

Al minuto 35 cae el penal en contra y nos sumimos en un silencio lacaniano. Entramos en el modo que, perfeccionado en dos décadas, ya podemos llamar la-mirada-herediana: nos vemos sin hablar, en cada cabeza una tragedia griega, alguna imagen de devastación natural, paisajes apocalípticos, la indiferencia del universo, el Papa negro, todo junto.

 

Pero antes del descenso a los camerinos, Pepe Cancela recibe la bandeja de Barbosa y, desde otro código de área, patea con una derecha Big Bang. Las cámaras de Extra TV 42, único canal que transmite el partido -con señal que parece venir de los 80-, vibran por la onda expansiva, se agrietan las paredes del Ebal Rodríguez, un par de nidos cae de los árboles, los bebés de Guápiles se despiertan en llanto, en la terraza de Santa Lucía de Barva un monstruo de seis cabezas gira y salta y grita y luego, por mitosis de provincia, se divide en seis adultos que van por antorchas a la refri.

 

Del segundo tiempo tengo poco registro. Fast-forward hasta un balón que sale de la niebla lateral izquierda, territorio del Santos, atraído por el imán de los tacos del Mambo Núñez. Cuando engancha hacia la derecha ya tengo una birra en cada bolsa del pantalón, las llaves de la casa en las manos. Él sabe que esa pelota va a abombar la red y nosotros ya podemos aceptar que todo terminó, que ganamos el derecho de  abrazarnos sin ver la tele, que ese gol perfora el muro de dos décadas malditas, que la Copa regresa, por fin, al lugar de donde salió.

 

Lo que sigue es un torrente explosivo, un estallido genealógico, una pirotecnia comunal. Desde los cuatro puntos cardinales salen hogares completos, mascotas incluidas, hacia el centro, es una invasión de cancha magnificada. El parque central es una casa gigante sin paredes, sin techo, pero con ventanas por las que salen cuerpos cantando, agitando brazos que terminan en banderas. Birras van y vienen. Por ratos estoy con mi hermano y tíos y primos en un sector del parque, luego con civiles que nunca he visto, abrazado, coreando, lagrimeando.

 

Hace rato recuperé milagrosamente lo que quedó del celular. A esta altura ya tengo mano de lego y mi visión se reduce a un solo ojo. Sigue llegando gente por los cuatro costados del parque. Por encima de los bombos, los tambores y los pitos logro identificar el tañido de las campanas de la catedral, cierro y abro los párpados y la celebración sigue ahí, nadie se convirtió en calabaza ni en ratón. No es un sueño -me digo en voz alta-, ahora sí, a-celebrar-carajo.

 

Distingo una silueta que avanza en mi dirección. Se acerca, se acerca más, ¡¡Odir!! exclamo y salto en un abrazo encendido. -¡Mae soy Dani! ¿Qué le pasa?- avisa mi hermano mientras trata de liberarse de la doble-nelson eufórica que le estoy aplicando. Se acomoda el cuello de la camisa y me dice que él va para el estadio a esperar al equipo, que lo acompañe. Claro, contesto,  pero es evidente que calculé mal y cinco minutos después mi hermano, cinco años menor, me estiba en un taxi, le da instrucciones al chofer y me mete un billete de dos rojos en la bolsa de la camisa.

 

En el bamboleo del taxi, sedado y somnoliento, entro gradualmente a lo que tiene que ser el estado alfa y me veo ingresando con la muchedumbre en el Eladio Rosabal Cordero lleno a reventar, la cancha invadida donde todos esperan al campeón. Veo a mi hermano, a mis tíos, a mis vecinos de infancia, todos saludan efusivamente, hay una atmósfera de júbilo y kermesse. ¡Me encuentro a mi vecino de asiento de la micro! Está con su esposa y su chamaco, nos abrazamos y lloramos, él como macho, yo no tanto.

 

Camino entre la gente, llevo puesto mi sombrero rojiamarillo de bufón, entre caras genéricas identifico a Claudio Benavides que conversa con Julio Gómez , el Gugui Ulate y Róger Álvarez, campeones del 78 y 79. Más adelante está Miguel Jasper Simpson Lacey (qué nombre hermoso) subido en los hombros de Fernando Montero, a la par los celebran Marvin Obando y Carlos Lobo, campeones del 81.

 

Empiezo a entender lo que sucede y ya no me sorprende encontrarme con Sivianny Rodríguez, Jorge Rivaga y Claudio Miguel Jara, campeones del 85. Cerca del marco sur se reúnen Alexis Rojas, Luis Raquel Ledezma y Germán Chavarría, campeones del 87. Formados para una foto, Kenneth Paniagua, Chaves Inecken y Rolando Corella, campeones del 93. Todos ellos uniformados, listos para jugar.  Me devuelvo al lugar donde vi a los del 78 porque sé que allí está Odir Jaques que esa temporada fue ¡¡entrenador y jugador!! Lo encuentro, le digo ¡Odir! ¡Se te fueron las canas! Charlamos un poco,  dice cosas como el fútbol se juega con tres delanteros. Luego al oído, en su característico español carioca, me comparte un secreto que no les puedo revelar.

 

¿En esta esquina o en la otra? – me despierta el taxista. Aquí, contesto, abro la puerta y me bajo. ¡Gracias, Odir! – le digo, dándole un golpecito a la ventana mientras se aleja frunciendo el ceño.

 

Busco el equilibrio afuera de la casa de mis tatas, que es para lo que me alcanzaron los dos mil colones. Buceo por la llaves en todos los bolsillos pero nada. Toco el timbre, me abren arqueando las cejas, subo las gradas como un ectoplasma y entro al baño para un poco de aseo.

 

Lo que viene sucedió tal cual lo voy a contar. Procedo a lavarme los dientes frente al espejo, cierro y abro los ojos y me veo cepillando pero con la camiseta rojiamarilla de rayas verticales, la patrocinada por Samsung, parpadeo otra vez y estoy rejuvenecido, tengo la chema Coopemex. Sigue así, el tiempo en reversa, de pronto llevo puesta la 2×1 Pizza, luego la Sasso, la Sanyo. Finalmente, tengo 8 años y me lavo los dientes frente al espejo con la camiseta patrocinada por Toshiba, la que usó el CSH cuando ganó en el 78, el primer campeonato que celebré.

 

Estoy feliz y salgo del baño apagando la luz. El trayecto hasta el cuarto lo hago a oscuras y siento que la camisa del Team empieza a quedarme más holgada conforme avanzo. Llego a la cama y tengo que colgarme del edredón que cae por el costado para poder subir. Afuera se escuchan los pitos y vítores de miles de personas y vehículos y ese ruido se convierte en una canción de cuna, un chupón mental. Soy un bebé que está a tres palabras de dormir en paz. Viva. Heredia. Carepichas.

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16 Comentarios

  • Eso Chaves, este era el texto que estábamos esperando. Felicidades.

  • mi única gran alegría en meses fue escucharte el domingo, cuando dijiste: en el parque abracé a personas que nunca más volveré a ver

  • Cuando uno se guarda el comentario, botando el aire, es que ha disfrutado más de lo que se pueda expresar. Muchas gracias Luis.

  • jueputa Chaves. Qué golazo! Viva Heredia!

  • Esperadísimo, sí. Tu texto y el campeonato. Con ese despliegue de camisetas volví a la vez que me compraron mi primer uniforme del Team, logo Toshiba. Me lo compraron donde Cuico. Mi mamá me lo tuvo que arrancar porque era lo único que me ponía después del uniforme de la escuela. Incluso para ir a misa. Viva Heredia. Carepichas.

  • El eterno retorno siempre llega , ya sea en prosa, verso o hasta en grafittis de la memoria, pero como sea vuelve, inexorable y entrañablemente…
    ¡felices sueños campeones!

  • Este relato suena como a una mica apegada al reglamento. Si yo fuera Herediano, no hubiera imperado el fair play. En fin, felicidades campeón…. pero que equipo es Heredia… vaya!

  • VIVA HEREDIA CAREPICHAS, snif…snif… gracias Chaves!!

  • :) wow :)

  • Excelente, Chaves, q bárbaro. Se me puso la piel de gallina y eso q soy morado

  • ¡Felicidades campeón! Al menos lograron el campeonato antes del fin del mundo, y eso, es mucho decir.

  • ¡Lindo! Pero fue el sábado 19 de mayo, el día de mi cumpleaños. No me quités ese regalo :-)

  • corregido susana, gracias por avisarnos!

    qué cumpleaños envidiable!

    gracias a todos por pasar a leer. salú

  • Vou recomendar sua página no Facebook. Eu acho que é muito bom

  • Excelente texto. Viva Heredia cabrones… la copa regresa donde nació…

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