Que el maestro me reciba en su casa es siempre un honor. Aunque sé que don Byron es una persona con muchas ocupaciones, llevo varios meses solicitando esta entrevista, para conversar sobre el estado actual de la democracia costarricense y conocer las percepciones del nunca bien ponderado filósofo cotobruseño.
A. Maestro, muchas gracias por recibirme. Deseo contarle que esta entrevista será publicada en la Revista Paquidermo, una iniciativa joven de…
W. Iniciativa joven, qué bonito. Qué bonito todo. Los jóvenes tienen que iniciar cosas. Lo malo es que a veces no las terminan…
A. No crea, maestro. Son un grupo de gente muy diversa, que han mantenido la revista en línea durante bastante tiempo…
W. Claro, claro. Lo digital. El futuro. Pues espero que no decepcionemos a las y los lectores. Cuénteme, Adriana, ¿qué inquietudes son las que la convocan esta tarde?
A. Gracias, doctor. Quería que conversemos un poco sobre la democracia, sabe. Sobre eso que usted ha llamado “la ilusión de libertad”.
W. Por supuesto, por supuesto. Ya se lo he comentado en diversas ocasiones, ¿no es así? Lo malo de la democracia es que funciona…
A. Claro, doctor. Y me encantaría que se detenga un momento sobre esa afirmación…
W. ¡Cómo no! Vea usted: es bastante sencillo. En general, nuestro primer reclamo como sociedad es el respeto por el espacio privado. Hay una tendencia del ser humano hacia la despolitización de ese espacio que, como bien decía Mirta González, es el primer espacio político. Usted sabe que a partir del reclamo de esa “libertad” individual, la de pretender que puerta adentro uno es quien realmente quiere ser sin que se le juzgue por ello, es que se construye la democracia representativa. La democracia representativa funciona muy bien, en el sentido de que la gente está muy ocupada protegiendo su espacio privado como para involucrarse en lo público. Votar es una muy buena opción. Me explico: el “like” de facebook es como la nueva expresión de ese momento físico en el que la gente sale de su espacio privado, va a la escuela del barrio y vota para que alguien más haga el trabajo por ella.
A. ¿Cómo se cura esa enfermedad, maestro?
W. No hay cura para la apatía. Platón dijo, hace muchísimos años, que allá uno: si uno no se mete en política, no faltará el sinvergüenza que sí lo haga. En ese sentido, podemos decir que la democracia representativa es la prueba empírica de que la apatía es una condición que ha permitido construir las sociedades en las que vivimos.
A. Pero doctor, me parece muy desesperanzadora su afirmación. ¿Quiere decir que no hay nada que podamos hacer para cambiar el rumbo del país?
W. ¡Al contrario! No me malinterprete. Perder la esperanza es lo único que puede poner freno al fenómeno de centralización de poder que estamos viviendo actualmente. Fíjese bien en el discurso político de las clases dominantes. Es un discurso que promueve la esperanza. Y ¿por qué? Porque la esperanza es la que continúa moviendo la máquina del subdesarrollo. Imagine por un momento un día en el que todas las personas que viven en condiciones de pobreza decidan no mover un dedo: que no atiendan sus malpagadas responsabilidades, que no salgan de su casa a “ganarse” el pan. ¿Quién recoge la basura en los barrios de las clases dominantes ese día? Necesitamos perder un poco la esperanza para recuperar el país.
A. ¿Y la izquierda, doctor? ¿Qué papel le ve dentro de todo esto?
W. Esa es una historia de nunca acabar. Pero principalmente debemos tener en mente una sola cosa: sin derecha, no hay izquierda.
A. ¿Se refiere con esto a que hay un componente moral al interior de la lucha de clases?
W. Eso es obvio. La oposición nunca la hacen los grupos más desfavorecidos. La oposición surge en el seno de grupos que se consideran moralmente superiores a quienes tienen el poder. Por eso la lucha se vuelve un poco hipócrita: es pretender que uno se merece unas mejores condiciones más que el otro. Y ¿por qué? Pues porque uno es mejor que el otro. Y obviamente aquí entramos en una discusión que está más bien dentro del ámbito de la religión. Y no de cualquiera: de la cristiana… Diciéndolo en palabras sencillas: ¿usted se ha preguntado qué haría Superman si, en lugar de combatir supervillanos, le tocara resolver problemas más mundanos, como el hambre o la trata de menores?
A. Entonces es un problema de discursos…
W. ¡Claro! La oposición debe ser honesta. La oposición debe decir lo que no se atreve a decir. Debe decir, por ejemplo, no queremos ser pobres. Esto es bastante diferente de algo tan abstracto como nos oponemos a la pobreza. Vaya al Mall San Pedro y pregúntele a cualquier empleado del food court qué piensa acerca de “oponerse a la pobreza”. Después fíjese detenidamente en los televisores que adornan ese espacio y anote la programación. Y piense qué le puede decir a esa gente que, a las 7 de la noche, está comiendo pollo frito en el Mall mientras ve Combate. Porque esa es la gente que vota, y la izquierda le tiene un poco de “cosa” a Combate, al pollo frito de KFC y a los malles. Y es ahí en donde están las y los votantes…
A. Quiere usted decir que sí hay formas efectivas de desplazar el poder…
W. Y nunca hubo un mejor momento para comenzar a posicionarlas. Imagínese que la clase política de Costa Rica perdió la clase hace unos 28 años. Qué mejor momento para darle a las y los votantes una opción organizada que sea honesta. Que en vez de oponerse a la pobreza, reconozca que el miedo a ser pobre es el motor que impulsa su proyecto político. Decir. Pero también hacer. La voluntad está paralizada, lamentablemente. Y se desperdicia el mejor momento para desplazar el poder porque el mal principal de la oposición es que la oposición quiere un amo. Alguien que le diga qué hacer, cuándo hacerlo y cómo. Y está bien: hay que reconocer que la idea de la libertad real es aterradora. La posibilidad de tener poder real para decidir es abrumadora. Pero ahí está la apuesta. O se combate ese miedo, o los tontos con iniciativa seguirán haciendo de las suyas en las esferas de toma de decisiones. Ahora, si me permite, debo atender un compromiso previo…
A. Por supuesto, doctor. Y le agradezco mucho por haberse tomado la molestia de responder a nuestras preguntas.
Sin más, me retiro. La casa del doctor Wanchopenhauer da a una calle medio escondida en el centro de la ciudad. Se me queda dando vueltas en la cabeza su afirmación sobre la esperanza y lo perjudicial que es para la salud colectiva. Y por supuesto que se me ocurren las cien preguntas que le pude haber hecho, y que espero poder retomar en alguna conversación futura. Mientras tanto, una caquita de perro en el zapato me recuerda que en algo sí tiene razón el doctor: lo privado es tan de uno que lo público no es de nadie. Mierda.








grande Wanchopenhauer, tiene familia herediana faltó decir.
O sea, que los y las amargadas como nosotras somos las que podemos cambiar este país… ¡ah, no! Eso es esperanzador… ¿y entonces? Maestro, necesitamos más sabiduría de su parte ¿qué hacemos si nos esperanzamos?
Tan corto y tan sustancioso. Me dejara qué pensar para el resto de la vida. (Si me pueden compartir más información/escritos de él, se los agradecería de por vida
)
Cierto, don Bryan, solo una coda: Platón y los griegos antiguos tenían una linda palabra para el que no se involucra en política: idiota.
Todos participamos en política. Porque política es interactuar con los otros seres humanos.
Muchas veces, muchas personas, no todas, ignoran a la política pero ptretenden que los que dirigen la política construyan una sociedad perfecta para los los ciudadanos.
Solamente, todos juntos, podemos mejorar nuestra sociedad, hacer nuevos diseños de convivencia social, económica y jurídica.
Y no es necesaio estar dentyro de una misma agrupación.
Lo que si no da resultados el multipartidismo político porque entraba. Dos, máximo tres partidos políticos,para seleccionar a nuestros goberante y representantes es suficiente.
Dentro de cada partido pueden haber secciones por temas: ecología, discapacidad, igualdad de genéro, paz, no armas, respeto a la diersidad sexual, religión, y otros.
*don Byron
En referencia al correlato neoconservador e irracionalista que pretexta la desesperanza frente a la imposibilidad de la crítica y a la falta de fundamentación de una “reflexión histórica” V. Descombes cita el veneno profético de J.P.Sartre: ” Se trata de constituir una nueva ideología…”, y se refería por si acaso…a la ideología como “falsa consciencia”, a ideología de dominación, en el sentido marxista del término. Cito rápido… Reviso y preciso: Sartre, citado por Descombes (LO MISMO Y LO OTRO, Ed. Cátedra, Madrid, 1988, pág.147) se equivocó en mi opinión, cuando hace referencia despiadada al estructuralismo en general, y con el postestructuralismo, en particular con Foucault, hasta con San Lacan, con “Tel Quel” y sobre todo con los aportes de la Lingüística; pero en realidad, Sartre se quedaría corto si hiciera la referencia a las tonteras que hay que soportar disfrazadas de falsa radicalidad política. Desconozco con todo respeto, el contexto cultural o político de la Entrevista y del Entrevistado, don Byron…pero me parecen tan ideológicas sus afirmaciones, tan fragmentarias, dignas de una consciencia trágica que confunde una particularidad dolorosa y la eleva a singularidad mistificada, un llamado a la impotencia como valor…y no como padecimiento colectivo impuesto. Pero para los que crean, que la “esperanza” es un sombrerito judeo-cristiano que uno se pone un domingo, algo así como la moral de domingo, la moral hetreonómica (para los que leyeron y entendieron a Kant), los invito a estudiar y debatir la producción de Ernst Bloch: Se postula en Bloch la necesidad ontológica de una esperanza no ideológica, a la que nombra “Utopía concreta”, y a la que trata como referente conceptual filosófico, o sea, no como una ocurrencia moralizante o metafísica “sacrificial”, sino como una categoría necesaria para pensar lo humanamente constituyente.(Ver: EL PRINCIPIO ESPERANZA, 3 Tomos, Ed.Trotta, 2004). Además no sobra recordar, las últimas líneas de Marcuse en EL HOMBRE UNIDIMENSIONAL, donde se cita a su compañero, al filósofo alemán antifascista Walter Benjamin, cito de memoria, pero creo que no me equivoco: “sólo gracias a los que no tienen esperanza no es dada la esperanza”. En fin…mi opinión, gracias.
Creo que ese cierre con “caquita de perr…” y “mierd…” no es necesario. Esas cosas me hacen tomar distancia de las personas que escriben así. Se pueden usar otras palabras. No comprendo porque algunas personas las utilizan. No vienen al caso.
La democracia es el sistema social, pol{itico y económico que, en la práctica, da mejpres resulyados. Obviamente que día a día se puede mejorar la democracia de cada pueblo. Lo qu si es claro es en política lo mejor es hacer. La crítica, la opinión, el escrito sobre la conducción de una sociedad no realizan, por si mismas, ningún cambio favorable. Y menos favorable es la manifestación pública.
La Constitucionalidad y la Institucionalidad de una sociedad son los cimientos que nunca debemos pretender resquebrajar. Podemos ingresar a las estructuras establecidas , una vez adentro, lanzar nuestras nuevas ideas poniéndolas en practica.
Las sociedades de izquierda son coas del pasado que no plasmaron los beneficios ofrecidos en la teoría. Es el caso de Cuba: dos políticos hermanos con el poder durante más 50 años consecutivos y siempre y actualmente necesitan de la caridad de otros países para medianamente susbsistir. Porque actualmente el Gobierno de Venezuela relaga dinero a Cuba y a Nicaragua. Pero lo grave no es que ese dinero es del pueblo venezolano, ese dinero es de cada ciudadano de venezuela.