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04/07/2012

México y sus cien años de soledad

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71 + 12 + 6 = son casi 100 años. Mi madre me dice: “ya sabíamos que íbamos a perder, siempre es igual.” ¿Siempre es igual, qué?  ¿De qué se trata perder: de la forma en que perdemos o el hecho de que siempre lo sabemos? Tenemos la impresión de que el tiempo pasa pero la historia se repite casi infinitamente. La novela de García Márquez, Cien años de soledad, encierra, entre muchas otras cosas, una disertación sobre el tiempo y la historia. En ella parece haber una afirmación constante: “el tiempo no pasa, sino que da vueltas en redondo.” Pero la verdad es que el tiempo pasa, aunque vaya solo y vacío, y la historia que parece refrendarse, es porque la cobija una constante repetición de nombres.

Así como en Cien años de soledad, donde los nombres se repiten hasta la confusión: José Arcadio, Aureliano, Aureliano José, Úrsula, Amaranta, Remedios, Remedios, Amaranta Úrsula, en las últimas elecciones en México sacamos los mismos nombres: Fraude, Pri, Democrático, Democrático, Fraude y finalmente Pri. No se explica cómo en un país como México, con cerca de 120 millones de habitantes y un padrón de 82.8 millones de electores, no exista una “segunda vuelta” ni la pretensión de  que cuatro puntos de diferencia hagan una mayoría.

Es siempre difícil entender lo que sucede dentro de una democracia sufragista condenada a los límites de las urnas. Muchos de los mensajes en Facebook habían tenido una fuerte advertencia sobre el pasado, la historia y el hacer memoria del despojo, el engaño y el cinismo oligarca de los años pasados y cercanos, para no volver a votar por ellos. Y sí, de momento parece que no hemos salido del pasado, que lidiamos con una posguerra desde hace 100 años. Se peleó una Revolución que acabó en esta democracia fantasma dirigida por los mismos grupos oligarcas, y la Revolución Mexicana e inconclusa no cambió los nombres como no lo hicieron las guerras en Macondo. Y los miles de muertos, no sólo de este sexenio panista, sino todos las víctimas de la impunidad, quedan, igual que “los más de tres mil (muertos) que estaban en la estación”, en Cien  años de soledad, reducidos al “aquí no ha habido muertos.”

Tal vez la maldición de dar vueltas en círculo sucede cuando olvidamos. Cuando olvidamos que si volvemos a los mismos nombres, terminaremos por engendrar hijos con colas de cerdo, colas retorcidas que nos recuerdan que, efectivamente la historia sin memoria está vacía. No votamos como hace 20 años, porque ahora sabíamos más, había más muertos que nunca, más desigualdad y más hambre. No, no es igual que antes, votamos por los mismos en peores condiciones.

Sin embargo, también con Cien años de soledad, encontramos una esperanza, tal vez aleatoria: la Historia no cambia por sí sola, los personajes “macondinos” sumidos en interminables y repetitivas acciones, van conformando la Historia y así, transformándola. Parecen acciones mínimas, tozudas y hasta exasperantes, casi involuntarias pero no innecesarias. Son las pequeñas acciones de los personajes las que hacen que la Historia no se repita interminablemente aunque parezca que sí. Las pequeñas acciones se generan en otros lugares que no son los lugares habituales y formales. Las acciones éstas no son las que “permite” la oficialidad; son acciones en constante disputa, “fuera de la agenda”, al margen del conteo, no dentro de la restrictiva a democracia sufragista, que hoy, una vez más, nos da un coletazo. La historia vacía de Cien años está llena de esas pequeñas acciones. Aquí se disputa la Historia: tal vez la oficial vaya sola, pero la nuestra está llena de pequeñas, tozudas y exasperantes acciones y aquí nos mantenemos más firmes que nunca. En esta Historia llena, está nuestra memoria.

Así pues, como era de esperarse (y temerse) se perdió la disputa en las papeletas electorales. Desgraciadamente, la justicia se peleó de nuevo en las urnas y la democracia se fetichiza en éstas, y como diría Sergio Tischler “el fetichismo es un mundo de apariencias”, por lo tanto la democracia sufragista también lo es. En fin, los acontecimientos políticos en México del pasado 2 de julio, de hecho son acordes con el proceso económico que sufre el país. Los dos sexenios del PAN y el retorno del PRI, son  sólo sintomáticos.

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1 Commentario

  • ¿Sólo esperamos q sople el viento de la desesperanza, q termine barriendo la historia, la memoria, el encanto y sumirnos en el sueño de los pescaditos de dulce y llegue Melquiades a sacarnos de él? Sacudamos el sopor, estamos a tiempo, se lo debemos a los q nos dieron patria, nos lo exigen nuestros hijos!

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