Columna o Sección:
14/07/2012

HABACUC, escritor

Autor:

No se me ocurre un personaje de la fauna urbana capitalina de artistas o sucedáneos que genere tantas opiniones adversas, por no decir incendiarias. Ni defensas tan ardientes o bien documentadas y argumentadas (para mencionar la más contundente, El perro está más vivo que nunca, libro del sociólogo Sergio Villena que ronda las 200 páginas).

Tampoco vamos a extendernos mucho aquí sobre el artista visual que se fue ganando un espacio en ese microuniverso a punta de codazos y patadas. Allá en la segunda mitad de los 90 nadie daba un cinco por el chamaco rabioso de cejas rasuradas y ojos delineados que no encontraba su lugar ni siquiera en las tribus urbanas más border.  Sólo él sabía muy bien de dónde venía y sólo él tenía una ligera sospecha de para dónde iba. Lo demás es anécdota, Habacuc es hoy un nombre ineludible en cualquier lista de artistas centroamericanos representativos. El menos epigonal, el más self-made y el más terrorista de los artistas regionales de hace varias décadas.

Pero nos ocupa ahora esta incursión en la literatura. Hijas de familia, por supuesto, es un texto provocador, autocrítico y, para malestar de muchos, inteligente. En un momento en el que hasta la literatura parece empezar a arrodillarse ante el altar de la corrección política, es refrescante leer a un kamikaze como Habacuc.  Anécdotas en primera persona, un yo narrador salvaje y desbocado, emparentado con el Rodrigo García de Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta, entornos y atmósferas sórdidas a las que el autor, sin duda, dedicó años de investigación de campo.

Hay muchos, quizás demasiados, libros dedicados a ese mundo marginal, supuestamente de rebelión, ecos tardíos y debilitados de Bukowski y discípulos.  La gran mayoría falla en el ingrediente que los despegue del anecdotario y de la incitación adolescente (asustar a las abuelas).

Lo tiene en su arte plástico y lo tiene en su literatura, el gesto desafiante es la puerta que abre para decir alguna verdad más oculta, más punzante. En Hijas de familia esto funciona aún mejor porque su yo narrador le pone el pecho a la bala primero que todos. No señala a los otros sin antes haber puesto el cuerpo.

En poemas narrativos cortísimos le da vida a personajes casi tangibles: entre otros, Orbi, Notin, Pablock, Cosinga, la primera persona y Oldemar. Si no bastan los argumentos de párrafos anteriores, anoten este: un mae llamado Oldemar protagoniza un poema.

No adelanto más. Este es un libro potente, agresivo, aderezado con humor negro, de elegante misantropía. Parece haberse escrito mitad en rush de perico / mitad en bajón de perico, lo que no solamente no es garantía de nada sino que en otras manos sería una combinación soporífera. Hijas de familia es un libro altamente intuitivo en cuanto a los recursos literarios. Habacuc, que es artista plástico, escribe mejor, mucho mejor, que escritores que llevan, que llevamos, años haciendo press de banca. Es así.

Algunos lectores van a perder un ojo en la lectura. Casi podríamos ponerles nombre y apellido pero aprendamos de Habacuc a nunca dar explicaciones.

Aquí tienen un libro que le va a generar más anticuerpos a Habacuc. Él lo tiene claro. Que así sea.

 

Columna o Sección:

1 Commentario

  • Pues que yo sepa antes de ser artista plástico ya decia ser o era escritor….supongo que algunos poetas de los 90´s lo recordarán….

Comente

— required *

— required *