
“Pies para que los quiero si tengo alas para volar”
Frida Kahlo
No fue sino hasta que llegué a vivir a Costa Rica que supe que Chavela Vargas era tica, por lo menos de origen. A mi ella me parecía lo más mexicano que podía existir (o según el estereotipo de “lo mexicano”): su voz ronca, su piel morena, su boca deslenguada, sus canciones rancheras y sin lugar a dudas, el melodrama en cada interpretación. Ella llegó a México, como pudo llegar a cualquier otro lado, llegó huyendo de la hostilidad, el conservadurismo, la falta de amor, huyó de lo que ella llamaba “el fin del mundo”. Y murió en donde quiso vivir.
Chavela cantó con indignación, con rabia, con dolor y con sorna. Y cantó bien. En cualquier sociedad conservadora no es de extrañar que se la refiera por su alcoholismo, sus prácticas sexuales, su ropa masculina, su manera desfachatada y cínica de referirse a cualquier cosa o la cólera contra su origen. Sólo un corazón comprimido puede recordarla desde ahí y entender que eso la hace única, diferente y peor aún, anormal. Chavela fue una necia, la más necia de todas y eso es lo más amado en ella.
Vivió su vida casi como quiso, pero la contó sólo como quiso. Ella hizo de su vida una leyenda, la relató con la fantasía, la imaginación y toda la memoria que pudo arrebatar y nadie puede afirmar que lo que dijo no es cierto. Contar la vida como se quiere, es una de las más grandes rebeldías a las que cualquiera puede apostar. Tal vez es más gustoso su relato que su existencia y eso la hace una artista, porque como dice Jesús Martín Barbero, “la función del arte es la conmoción”, el relato de su vida, conmocionaba y ella era el mejor de sus personajes. Sus caminatas por San Joaquín de Flores, la historia con su padre, el tiempo en la finca de sus tíos, su relación con Frida y Diego, sus amores, todo es surrealista, onírico y alucinante. Quien cuenta de ese modo su vida, merece vivirla. Atina bien Joaquín Sabina cuando dice, “Las amarguras no son amargas/cuando las canta Chavela Vargas”. Ella hizo de su dolor una novela.
Chavela desafió la moral rancia de la alta sociedad. La llamada dama, no lo era para las mujeres abigarradas de lisonjerías y entrepiernas apretadas ni para los hombres mojigatos y relamidos. No tenía más religión que la vida, sus únicos dioses fueron los que la hicieron así, es por todo esto, que tal como lo querías, amada Chavela, no habrá ni una sola cruz sobre tu tumba.








Excelente!! Aunque….. creo que logró abrir varias de las apretadas entrepiernas de esas mujeres abigarradas de lisonjerías…..
gracias, de las cosas más valiosas de Chavela, fue lo que se comentó en este artículo: “No tenía más religión que la vida”… a cuántos nos faltará esto…