08/10/2012
Tema: Ecología

Ratas, transgenes y agrocarteles

Autor:

 

El pasado 19 de setiembre, un equipo científico francés publicó en la revista Food and Chemical Toxicology los resultados de una investigación (Seralini et al 2012) que causó la reactivación del debate acerca de los posibles efectos nocivos del consumo de organismos genéticamente modificados. El equipo de investigación CRIIGEN (Comité para la Investigación y la Información Independiente sobre Ingeniería Genética) llevó a cabo la investigación durante dos años, el plazo más largo para análisis bioquímicos que incluyan maíz transgénico NK603. Este transgénico fue desarrollado para ser resistente al herbicida Roundup. 200 ratas (100 hembras y 100 machos) fueron divididas en diez grupos. Para cada sexo, un total de 10 ratas fueron usadas como grupo control, se alimentaron con maíz isogénico no transgénico y se les dio agua pura. A seis grupos se les alimentó con el maíz transgénico en  proporciones de 11%, 22% y 33% de la dieta, tanto tratado como no tratado con Roundup; y los restantes tres grupos recibieron un tratamiento que incluía acceso a una dilución de herbicida en el agua en tres concentraciones:  50 ng/L, 400 ng/L y 2.25 g/L y la dieta control.

Los resultados fueron presentados con fotografías de notables tumores, los cuales, según los especialistas, aparecieron más temprano y alcanzaron mayor tamaño en las ratas tratadas con productos de Monsanto. Se reportó un aumento en la mortalidad, además de daños hepáticos, renales y trastornos hormonales, lo cual fue relacionado con efectos no lineales de disrupción endocrina del glifosato, el compuesto activo del Roundup (este biocida es también comercializado en Costa Rica con el nombre BIOKIL por la empresa Bioquim). Las reacciones no se hicieron esperar, desde los voceros de la propuesta 37 en el estado de California a favor del etiquetado obligatorio de OGM’s, hasta las agencias de bioseguridad europeas, siendo notoria la suspensión de las importaciones de maíz transgénico NK603 por parte de Rusia y la eventual petición por parte de Francia para que se prohíba la importación de este maíz en toda la Unión Europea.

Entre los críticos del estudio, algunos apuntan a que los investigadores del equipo de Seralini tienen una “agenda” antitransgénica con claros intereses económicos, la cual se vería beneficiada ante la difusión de este tipo de resultados. Aseguran que se trata de metodologías inadecuadas que llevan a conclusiones pseudocientíficas, producto de la “pesca” estadística. Otros sacan docenas de artículos mostrando la inocuidad de los OGM’s introducidos en los agrosistemas. Aunque resulte difícil de creer, Monsanto, con un historial de prácticas antiéticas en todos los niveles que la constituyen en un referente del más nefasto terrorismo corporativo, se presenta ahora como defensor de la independencia científica. Y es que el hecho de que los investigadores tengan motivaciones para llevar a cabo ciertos estudios no es algo criticable per se, siempre y cuando los diseños experimentales cumplan con los estándares requeridos y puedan ser replicados con los mismos resultados.

La idoneidad del tamaño de la muestra, otra de las supuestas debilidades del estudio que repiten los lobbistas de Monsanto, es determinada por el tipo de análisis estadístico elegido. Es equivocado creer que en este tipo de estudios se deban utilizar cientos o miles de individuos pues, además del costo que implicaría, los modelos estadísticos nos permiten comparar múltiples variables e inferir probabilidades con muestras representativas seleccionadas al azar y mantenidas en las mismas condiciones. Por otro lado, no se puede alegar, como algunos hacen, que desde hace dos décadas se haya venido llevando a cabo un “gran experimento” que compara a americanos (mayormente alimentados con transgénicos) con europeos, sin que los americanos “caigan como moscas”, ya que no se ha investigado las relaciones entre el consumo de transgénicos y daños crónicos en la salud humana. Según los autores del estudio, los experimentos que muestran los productos de Monsanto como seguros, fueron llevados a cabo por períodos de tiempo insuficientes para determinar este tipo de daños producidos por la exposición crónica a maíz NK603 y a Roundup. Por la misma razón, tampoco es válido argumentar que la falta de efectos similares en la salud de los animales de granja alimentados con transgénicos prueba su seguridad, pues dichos animales son sacrificados sin que transcurra el tiempo suficiente para que aparezcan y se documenten efectos crónicos.

Hasta tanto no se repitan este tipo de experimentos, se perfeccionen metodologías y se llegue a justificar claramente la inocuidad de los OGM’s en estudios que comprendan incluso períodos de varias generaciones (y no los escasos 90 días que le bastan a la agroindustria), debemos exigir la moratoria de los cultivos transgénicos. Con esto se respeta el principio precautorio y es un primer paso para sacar de la oscuridad a cultivos como el maíz y también la soya, principales transgénicos que hoy en día se comercializan sin aceptar siquiera el inofensivo etiquetado. Se debe adoptar la misma postura ante los transgénicos que ante los medicamentos experimentales, los cuales, si se observan efectos negativos en roedores, no son aprobados para consumo humano. El criterio de la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) será determinante para respaldar o no los hallazgos del equipo francés.

En teoría, la ingeniería genética y las aplicaciones biotecnológicas en el agro podrían aportar grandes avances en procura de producir alimentos de forma segura y de cubrir la demanda alimentaria de la población mundial, o bien para prevenir enfermedades e incluir suplementos alimenticios esenciales. Sin embargo pocos indicios hay de que los avances biotecnológicos se encaminen en este sentido. Más bien todo parece estar dispuesto a insertar en el mercado paquetes tecnológicos que incluyen cada vez más productos entre semillas patentadas, herbicidas, fungicidas y fertilizantes; abolir la agricultura tradicional, su acervo genético y herencia cultural; y monopolizar la producción de alimento.

La aparición de supermalezas y otras plagas resistentes, el agotamiento de la fertilidad de los suelos, y los largos períodos de sequías, están llevando a agricultores en todo el mundo a replantearse el modelo capaz de producir más y mejores alimentos sin caer en el precipicio biocida que tan solo representa beneficios para los insaciables carteles agroalimentarios. Como si no bastara con las deshumanizadas políticas que esparce Monsanato alrededor del mundo, de Paraguay a la India, la salud de los consumidores podría inclinar la balanza a la hora de condenar públicamente el despiadado agronegocio del que se favorece este gigante corporativo.

 

Comente

— required *

— required *