Top 5 de series: número 5

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 Foto: YvaS

Hasta hace algunos años todavía se decía que la tele era mala. Sus potenciales riesgos eran homologables solo a los de la masturbación: si jalársela de más podía provocar que le salieran a uno pelos en la mano, la tele, por su parte, entrañaba los más temibles riesgos: embrutecimiento, nublamiento del juicio moral, ceguera prematura… Internet, por suerte, se llevó en banda todos aquellos debates bizantinos y hoy en día, a la par de toda la mierda que ciertamente puede ofrecer una sesión de zapping, también es posible acceder a verdaderas obras de arte con solo conocer los links adecuados. Pienso, sobre todo, en las series.

En honor al 8vo octavo arte que es la tele, pero también a la piratería, esa deliciosa práctica democrática que actualmente algunos supuestos demócratas quieren poner en riesgo, nos hemos decidido a elaborar este top 5 de series -con el correpondiente toque panfle- en exclusiva para Paquidermo.

El quinto puesto, y para respetar ese cierto aire retro que todo top5 que se respete debe tener, corresponde a una serie de los 90 que adelantó varios recursos estéticos y narrativos de las mejores series del nuevo milenio. Me refiero, por supuesto, a The X Files.

Los archivos secretos X, como tradujeron por aquellas épocas los canales nacionales,  escenifica los esfuerzos de los sempiternos agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scully por descubrir la verdad de una serie de fenómenos paranormales sigilosamente protegidos por la el gobierno de Estados Unidos.  Se trata de una serie que sintetizó algunos elementos de la ciencia ficción con ciertos rasgos que luego se repetirán hasta el cansancio en los múltiples policiales que se sucederán uno tras otro con diversas fortunas durante los años posteriores.

Entendámonos: si bien The X Files apela a una serie de lugares comunes -como la oposición maniquea entre el cálculo racional de Scully y el temperamento más pasional de Mulder, o como la utilización de ciertos tropos propios de la superchería popular más light-, se trata de una de las  primeras series que se plantea como una crítica sistemática al poder político. Sobre todo en sus primeras temporadas, The X Files constituye una reflexión en torno a la producción política de hegemonía y a la elaboración de estrategias gubernamentales para monopolizar y administrar la verdad.

Cierto que en ese sentido la serie es continuadora de una larga tradición crítica dentro de la ciencia ficción (1984, Bradbury, etc.), pero ocurre que en muchos de sus entrañables capítulos, esa crítica social apela a refinadas metafóras: el mal se resiste, algunas veces, a escenificarse en sus formas pueriles.

Cric Carter, su creador, compensó en este sentido el esquematismo de sus protagonistas principales y ese insoportable erotismo siempre sublimado entre los mismos, con personajes monstruosos, abyectos, sombríos y complejos. En definitiva, algunos de ellos inolvidables.

Así, lo paranormal condensa en varios momentos cierta afrenta a una normalidad que disfraza injusticias y oculta verdades; se trata de sujetos marginales que unas veces encarnan los horrores de las mitologías populares (vampiros y fantasmas en los perores casos) pero que otras veces representan una monstruosidad cargada de contenido político. Por este motivo, la serie no siempre suscribe las teorías criminológicas que subyacen a la mayoría de policiales: los anormales no necesariamente son los malos; la monstruosidad, por el contrario, es padecida por marginales, víctimas de biopolíticas impulsadas por los poderosos que gobiernan el mundo. El tema de Los archivos secretos X es precisamente, a mi entender, el modo en que los poderes se inscriben en los cuerpos.

Episodio recomendado: Ice (7mo de la primera temporada).

Dato curioso: varios episodios de la serie fueron dirigidos por Vince Gillian, el creador de Breaking Bad.

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