15/10/2012
Tema: Economía

Los salarios de los gerentes bancarios

Autor:

 

:: Luis Paulino Vargas Solís ::

Sí, ciertamente son escandalosos. En particular resulta obsceno lo que se le paga a Fernando Naranjo por ejercer como gerente del Banco Nacional. Conocemos la explicación oficial: se trata de señores que conducen bancos públicos que funcionan en régimen de competencia con los privados y que, por lo tanto, están obligados a ofrecer salarios competitivos con los que estos últimos pagan.

Las críticas formuladas en su mayoría tienden a adquirir un tono moralizante. Esto no es incorrecto, pero sí insuficiente. El problema en realidad anda por otro lado, como en seguida intentaré ilustrar.

Titular de primera página del semanario El Financiero (1º-7 de octubre 2012): “Bancos ganan más con menos”. A fin de reforzar el dicho anterior, en el reportaje (pp. 4-5) aparece el siguiente subtítulo: “Utilidades de los grupos financieros aumentan un 21%, pero los pasivos se reducen un 2%”. Los datos que se ofrecen están en “términos reales” (descontada la inflación), y comparan el primer semestre de 2012 con el mismo período de 2011.

Se observa que las utilidades de los bancos públicos aumentaron un 30% y la de los privados un 12%. Al Banco Nacional le va muy bien: aumento de sus ganancias en un 61%. Luego viene el de Costa Rica (44%), el Popular (6%) y el Bancrédito (sus ganancias se reducen en -10%). Pero entre los bancos transnacionales (que en conjunto dominan el 24% de los activos del sistema financiero), descuella espectacularmente el HSBC cuyas ganancias aumentaron ¡¡un 340%!! Muy bien le va al BNS (que gana un 69% más), no así al Citibank, el cual más bien presenta pérdidas.

Una de las llamadas de atención que formula el reportaje es la siguiente: este dinamismo en las ganancias de los bancos “…es mayor al aumento de la economía en más de cuatro veces”.

¿Va quedando claro a qué se refiere lo de “régimen de competencia”? Evidentemente no hay aquí comparación posible con una institución como la Caja, como de forma desafortunada alguien lo ha sugerido. Se trata, digámoslo así, de otro universo.

En breve, es lo siguiente: vía leyes y reglamentos el sistema financiero costarricense está sometido a una forma de regulación que exige ganancias. Tantas como se pueda; las más que se pueda. Y eso vale por igual para bancos públicos como privados, incluyendo entre estos últimos a gigantes transnacionales de alcance global como Citibank o HSBC.

Puesto de otra forma: la regulación bancaria vigente define determinados criterios de desempeño desde los cuales se evalúa a los bancos. Esos criterios se sintetizan en una exigencia: ganar, ganar, ganar. De ahí que los bancos –públicos y privados- compitan ferozmente por la clientela más jugosa, es decir, por aquella tajada del negocio bancario que mejor ganancia les pueda reportar. Y esa tajada es la que forman las grandes corporaciones y grupos de poder económico, especialmente las grandes empresas exportadoras y turísticas, como también los capitales vinculados a la especulación inmobiliaria, la construcción, el comercio importador.  Esos sectores florecientes y privilegiados son por ello mismo los clientes favoritos por quienes se pugna, ya que son los que mejores negocios proveen.

¿Han oído ustedes hablar de la “banca del desarrollo”? Sabemos que es un adefesio inservible que gobiernos y diputados inventaron disque para apoyar a las micro y pequeñas empresas. Bueno, es del caso que la inventaron visto que la banca pública ya no puede atender a esos clientes “güeso” justo porque está obligada a competir de igual a igual con la banca privada, y que su objetivo central es…¡¡GANAR!! ¿A quién se le ocurre que financiar la sodita de una señora en el Alto de Guadalupe o el taller mecánico de un vecino de Cristo Rey pueda ser un negocio atractivo?

Bueno, pues justo por ello los bancos públicos deben pagar “salarios competitivos”: sus gerentes deben ganar más o menos lo mismo que sus similares en un banco privado. A juzgar por los datos que nos da El Financiero (y hay razón alguna para dudar de ellos), los tales gerentes no la están haciendo mal: en términos de sus ganancias, los bancos que dirigen son competitivos con los privados.

Adviértase, sin embargo, que el problema de fondo no es que Naranjo y similares ganen lo que ganan. El problema importante es otro. En resumen, se trata de lo siguiente:

a) El negocio financiero –privado y público- es altamente rentable y su aporte al desarrollo y la equidad es bien discutible. Hay razones poderosas para considerar que se limitan a asignar el crédito de una forma tal que consolida los brutales privilegios de que disfrutan algunos sectores económicos y, con ello, profundizan la desigualdad y los desequilibrios sociales.

b) Debemos reconocer que,  hasta en el peor de los casos, los bancos públicos siguen desempeñando una función que jamás será asumida por ninguna banca privada, mucho menos si esta se ha desnacionalizado –incluso transnacionalizado- como en efecto es el caso de la totalidad de la banca privada costarricense actual. Pero eso no es consuelo suficiente. Nuestros bancos públicos no deberían estar sujetos a estrictos criterios de rentabilidad. Necesitamos una banca pública eficiente en capacidad de asumir objetivos de desarrollo y democratización más amplios.

c) Pero la banca privada no puede quedar exenta de cuestionamiento. Es falsa la presunción ideológica según la cual un capital privado, por el hecho de serlo, puede ser utilizado como lo quiera su dueño. La sociedad tiene derecho a estimular o desestimular diversas formas de inversión de los capitales, según el beneficio social que reporten. Y eso es aún más cierto tratándose del sistema financiero, ya que este moviliza los ahorros de la comunidad. Conviene cuestionarse si tales niveles de rentabilidad que reportan los bancos privados son socialmente aceptables. Éstos dejan de servirnos cuando privilegian la ganancia de corto plazo y se dedican a financiar negocios fáciles y especulativos que profundizan los desequilibrios económicos y sociales.

Una banca menos rentable no pagará a sus gerentes salarios tan espectaculares. Y, sin embargo, esa banca sería socialmente preferible a la que hoy tenemos.

 

*Publicado originalmente en el blog del autor: Soñar con los pies en la tierra.

2 Comentarios

  • El problema, como bien se plantea en algunas partes del artículo, va mucho más allá solo de los salarios, y tiene que ver con la estructura de entradas y gastos que tiene la banca pública con relación a la banca privada (y en general, el sector público con el sector privado de toda la nación).

    Efectivamente, como lo dice el autor, el sector público (en este caso la banca) tiene potestades y objetivos que ninguna banca privada tiene que cumplir: objetivos de desarrollo social (el financiamiento de esa soda o de ese taller mecánico), y por lo tanto, el sector público tiene que competir con un sector que además de amasar grandes cantidades de ganancias (ganancias que no se reinvierten en absolutamente nada en el país, ganancias privadas como dueños de bancos, etc), están absueltos de tener que pensar en el financiamiento de la productividad nacional (solo tienen que pensar en la rentabilidad).

    Es volver al problema de la relación entre lo público y lo privado. Las privatizaciones en todas sus formas (porque hay formas de privatización como las concesiones, como la treta que se tienen en la relación con la CCSS y la medicina privada, etc), así como esta competencia tendiente a la privatización, hace que el sector público tenga las de perder en cuanto a rentabilidad.

    Es necesario una reforma estructural que redistribuya las ganancias que el país produce y del que sectores privados se apropian sin ninguna reinversión real a la sociedad: esto solo se puede hacer con una reforma fiscal en donde se grave el capital, las ganancias netas, y que los sectores que más tienen riqueza en el país respondan a la sociedad por las ganancias que han sacado y que se nutren del trabajo y de la infraestructura del país mismo. Tenemos que estar preparados ante la crisis económica, no podemos seguir con las políticas del paquetazo fiscal y que el déficit público crezca solo para destruir el sector público (y privatizarlo todo), y después quedar débiles (si no es que realmente frágiles -en cuanto a salud, en cuanto a productividad nacional, etc-) frente a la crisis económica mundial que solo empeora.

  • Buen artículo. Apunta al meollo del asunto: “la regulación bancaria vigente define determinados criterios de desempeño desde los cuales se evalúa a los bancos. Esos criterios se sintetizan en una exigencia: ganar, ganar, ganar”. El mismo Banco Popular, que por ley tiene objetivos distintos de la ganancia compulsiva, está limitado por la superintendencia para esto: tiene impuestos un conjunto de indicadores que lo alejan de los objetivos de “dar protección económica a la población (o clase, cito de memoria) trabajadora”. No es gratuito que en este banco ya no existe representación legítima de la población trabajadora en sus órganos de gobierno. La última de ellas quiso establecer unas “pautas” que recuperaban el objetivo de ley, y el resultado fue el castigo. Como se sabe, el Popular está en la mira de los leones. Lo que no he visto es ni sindicatos ni otras organizaciones recuperar social y políticamente esta institución, salvo alguna acción legal que no prosperó. Por cierto, el análisis del contexto institucional y legal de las instituciones financieras, las lógicas y prácticas (supervisión, regulaciones) que se les imponen, se podría extender a la supervisión que se hace a las cooperativas financieras. Un análisis pendiente al que la academia puede contribuir. Y una mirada a otras latitudes también puede hacerlo, como lo informa recientemente la prensa sobre los cambios que están ocurriendo en Ecuador.

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