17/10/2012
Tema: Religión

La blasfemia está de moda

Autor:

Foto: Adel Z

La blasfemia está de moda. Es un tema “in” en estos días y nadie que medio sea aficionado a las noticias, o a las “noticias”, puede negarlo.

Solo en las últimas semanas Internet, y un poquito menos la tele, nos han vapuleado con  artículos, fotos y videos de multitudes enardecidas en los países árabes, nadando en bilis por los casi innombrables insultos lanzados desde Occidente en una burda y básicamente ridícula producción cinematográfica.

En nuestro pequeño pedazo de planeta vimos una reacción no menos inquisidora de parte de algunos medios, y de no poca gente en redes sociales, en contra del controvertido ministro de Educación por su cuento del 2004 en el que desmenuza el padre nuestro. Inclusive escuché a más de uno comentar: “¡Si Garnier hubiera escrito eso y acá fuéramos musulmanes, imagínese lo que habría pasado!”.

Creo que una pregunta válida es, ¿qué habría pasado si escribe eso hace 500 años? la respuesta es bastante obvia; las largas canas blancas del ministro estarían más que chamuscadas desde antes de que pudiera decir su ahora célebre “Y amén”.

Antes del episodio del cuento, cuando acá solo abríamos la boca, mudos e impactados por la barbarie, por la desmedida reacción de los musulmanes a un estúpido video clase como “C”, un muchacho inteligente e indignado me dijo que no era posible que se reaccionara así por ese tipo de situaciones.

Yo estaba de acuerdo con él, por supuesto, pero se me ocurrió preguntarle, ¿vos sabés cuántos años tiene el Islam? Él no sabía que esta religión (desde mi óptica y parafraseando a Hitchens, tan ponzoñosa como todas las demás) es menor que nuestro bien conocido y asimilado cristianismo.

En este lado del mundo se nos suele olvidar que nuestra historia no es universal, y que en el caso de la religión, el islam es una especie de hermano menor, unos 600 años menos para ser exactos.

Así que le decidí lanzar otra pregunta: ¿cómo era el mundo cristiano hace 600 años?, mi joven interlocutor empezó a entender: todos tenemos un pasado oscuro, todos tenemos cola que nos majen.

Con solo revisar en los cajones de la memoria algunas clases de sociales de colegio, o una de las decenas de películas hasta hollywoodenses, una persona promedio podría recordar las terroríficas historias de la Edad Media, de los abusos totales de la religión y de cómo la blasfemia era suficiente razón para arder en un palo como un pollo asado. 600 años no se quitan de un plumazo por más internet ni Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No pretendo disculpar un comportamiento que en lo personal considero criminal, pero no puedo obviar el hecho de que los cristianos ya pasamos por esa senda; es decir, ya matamos hasta la saciedad por blasfemia, ya torturamos a miles y miles por tener creencias diferentes y ya pensamos que el otro lado del mundo era la encarnación del mal.

Ahora, y una vez más desde el imaginario pedestal de “pináculo de la civilización”, se hace facilísimo señalar con el dedo la barbarie ajena, y olvidarse de que este hermanito menor lo que está haciendo básicamente es recorrer la senda de fanatismo y sangre por la que ya caminaron hace unos siglos los seguidores de Jesús.

Eventualmente, porque todo cambia, el mundo musulmán cambiará, como tuvo por fuerza que adaptarse el mundo cristiano medieval.

Tarde o temprano, las sociedades islámicas, hartas de ser víctimas de los abusos de la religión, pondrán a raya a los fundamentalistas, y entonces, las películas burlonas sobre Muhammad serán comidilla en los noticieros locales y de la gente en los parques y las mezquitas, pero ya no será aceptable prenderle fuego a las embajadas, ni destruir negocios y mucho menos matar personas en nombre de la blasfemia.

Los creyentes cristianos que se rasgaron las vestiduras y pidieron la cabeza de Garnier por “irrespetuoso”, no tienen nada de qué enorgullecerse; no son mejores ni más civilizados que los afganos, los libios, los egipcios, los paquistaníes o los sudaneses; simplemente tienen 600 años de camino adelantado y viven en una sociedad que ya no está dispuesta a tolerar ciertos tipos de fanatismo. Aun así, tristemente, la manía de condenar persiste, aunque ahora sea sin antorcha en mano.

El problema de cualquier religión es su afición por tirar piedras teniendo techo de cristal.

La reacción de los grupos radicales musulmanes es desmedida y condenable, pero para parafrasear a la máxima autoridad cristiana: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?”.

 

4 Comentarios

  • mmm, entiendo lo que decís pero no puedo estar de acuerdo. ni cristianos ni musulmanes ni ninguno.

    hace unos días me pasaron esta frase a la que adhiero totalmente: si por tu religión estás dispuesto a matar, empezá por vos.

  • No defiendo a ninguno, ambos son indefendibles, como cualquier religión. Solo trato de destacar el absurdo de criticar algo desde una posición con pies de barro, como ha sucedido acá y en muchos otros lugares.
    Y suscribo totalmente la frase que mencionás, ojalá así fuera siempre.

  • bonito trabajo, bonita escritura. Ahora, siento que se mezclan niveles. Un nivel, de la actitud de personas y colectivos; otro, de las “religiones”. Es más, redactas “cristianos” en primera persona, con lo que estás regalando una identidad que te da una religión, y ella es la que estorba el análisis o lleva a la mezcla de niveles. Tal vez es bueno separar. La cristiandad cambió (el cristianismo medieval se adaptó, escribiste) en la modernidad europea, con el ascenso de la burguesía, mas siguió ocupando un lugar relevante en el nuevo orden. Si hoy el islam tuviera que adaptarse sería a la globalización inducida desde occidente (¿está ocurriendo esto?, ¿qué signo tiene o tendrá?, ¿crees que eso llevará a “poner a raya” al “fundamentalismo”?). Me parece muy bien, por cierto, que te refieres al pequeño show alrededor del cuento del ministro Garnier. Saludos

  • Muchas gracias Roger.
    Honestamente no tengo idea de cuándo veremos un cambio en los países con regímenes islámicos, y lo digo así porque el Islam es tan diverso que tiene realidades diferentes en cada país.
    Muchos creímos ver señales de cambio y un poco de secularización con los movimientos de la Primavera Árabe, pero al final del día el resultado fue el opuesto.
    Sin embargo, como bien apuntás, la presión de la globalización es grande y yo creo que tarde o temprano ese contacto ayudará a que la gente se canse de vivir en una sociedad regida casi totalmente por la religión.
    Recientemente leí un libro de un periodista que estuvo 3 semanas en Irán, y básicamente lo que decía es que la gente tiene por supuesto mucha fe en Alá, pero que la simpatía hacia los imanes es casi nula, y que de hecho, en la intimidad de sus casas los iraníes se comportan como cualquier europeo o americano. Básicamente que la imposiciones del régimen los llevan a tener una doble vida.
    Ese tipo de cosas son las que no veo sostenibles y las que me hacen pensar que tarde o temprano serán los mismos musulmanes los que pondrán a raya a estos locos que en algunos casos los gobiernan. De verdad quiero creer que así va a ser.

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