
Todas las épocas inventan historias: tonos, imágenes, giros y torsiones. En el doblez de esas historias nos encontramos a nosotros mismos, pero también descubrimos sombras, silencios y vacíos. Si los griegos tuvieron en el género épico el terreno más fértil para decirse a sí mismos quiénes eran, si otras épocas conocieron las tragedias y las historias de caballeros, la nuestra acaso sea la era de los policiales.
El formato policial ha sido utilizado hasta el cansancio: policías atormentados, delincuentes marginales intentando escapar de las garras de la ley. Roberto Bolaño construyó todo un metarelato de nuestra época y nuestro subcontinente echando mano (aunque a la libre) del género detectivesco. La tele, por su parte, ha abusado del formato policial convirtiéndolo en fórmula.
Por eso es difícil que una peli o una serie policial pueda sorprendernos. Son demasiados los clichés como para poder sortearlos todos. The Killing, sin embargo, quiere hacerlo.
La trama, en un comienzo, pareciera repetirse: dos policías que deben resolver un crimen, una familia que intenta sobrellevar la muerte de la hija, unas elecciones municipales… Pero en The Killing todo eso es un pretexto para otra cosa. La serie constituye una inteligente puesta en escena del drama de una socialidad desgarrada desde adentro: el Estado hobbesiano llevado hasta el paroxismo, el miedo de todos contra todos. Por eso la coherencia del formato narrativo no es un agregado: The Killing hace corresponder cada episodio con un día posterior al crimen, en una temporalidad vertiginosa en la que todos los días cambia el sospechoso. Metáfora de los tiempos actuales, la serie hace orbitar toda la vida social en torno al asesinato como hecho fundador; la maldad aquí crea vínculos, relaciona, da sentido… Se trata de una sociedad del miedo porque cada cual constituye una amenaza para el resto.
En este sentido uno de los logros mayores de esta serie es su inteligencia a la hora de hacernos sospechar de cualquiera. La capacidad de desplegar un tipo de narración cuyos hilos tiran hacia muchos lados y de hacernos pensar en cada personaje como potencial asesino, pone en evidencia la relación intrínseca entre los discursos sobre el crimen y las narrativas sociales. El verdadero drama en The Killing consiste en reflejar una cultura donde todos llevamos un criminal adentro. Y por fuera de esa sociedad del miedo solo está la lluvia, un pasado que acosa, la compañía que nunca llega. Por eso esta serie, que podría decepcionar cuando termina, no acaba con el último capítulo: la sociedad en la que vivimos se parece demasiado a esa.
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Episodio recomendado: el episodio piloto (1ro de la primera temporada).
Dato curioso: la serie está basada en (y es casi un calco gringo de) Forbrydelsen, un policial danés que rompió con todas las marcas de rating en Europa.







