"Columna: Segunda Lectura"

Diario de una desafortunada aspirante a pequeña empresaria

  Foto: http://www.adriancoto.com/ Llámeme ignorante: no sabía que una planilla del INS se reporta todos los meses. De hecho, estaba sentada en la casa muy tranquila, porque había pagado mi primera póliza trimestral del Seguro de Riesgos del Trabajo a un atento agente del INS que olvidó decirme algo muy importante: si no entro a la mierda de página de internet

El mejor negocio de la democracia

Yo tenía 5 años cuando, por encargo, un grupo de narcotraficantes mexicanos torturó hasta la muerte al agente Enrique Kiki Camarena. Recuerdo el sonado caso, pero no sus implicaciones novelescas: en aquellos lejanos ochentas, la noticia dio para folletín de sucesos pero no ahondó mucho más en las implicaciones del brutal asesinato. Tuvieron que pasar años, bastantes, para que ese

Wanchopenhauer

Que el maestro me reciba en su casa es siempre un honor. Aunque sé que don Byron es una persona con muchas ocupaciones, llevo varios meses solicitando esta entrevista, para conversar sobre el estado actual de la democracia costarricense y conocer las percepciones del nunca bien ponderado filósofo cotobruseño.   A. Maestro, muchas gracias por recibirme. Deseo contarle que esta

El lado claro de la política

El sábado fue la fiesta de presentación de la precandidatura de Rodrigo Arias. Me habían invitado a subirme en una buseta llena de gente del barrio con las siguientes palabras: “el sábado presenta la precandidatura don Rodrigo Arias y va a hacer una fiesta. Va a ser LA FIESTA y los de la juventud liberacionista estamos encargados de llevar bastante

El otro lado del espejo

El olor a mierda de caballo es intenso. Los cascos sacan, literalmente, chispas del empedrado. Pienso en silencio que todos los topes del mundo se parecen: va la gente que tiene caballo, y también alguna gente que lo alquila. Los millonarios del club hípico se pavonean con sombrero panamá encima de sus sementales importados. Los pobres exhiben a rucos lentos

Conducir en el país más feliz del planeta

No hay lugar como el hogar. Cuando estaba en cuarto de primaria, tenía un grupo de compañeros bastante, digamos, “traviesos”. Eran bien ocurrentes: cada semana llegaban con una necedad nueva, que aplicaban incansablemente hasta el aburrimiento. Durante un tiempo, les dio por levantar faldas con el palo de una escoba que se robaban de la bodega de limpieza durante los